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Opinión / 

El primer Papa

Roberto O’Farrill Corona
Roberto O’Farrill Corona correo2342340v@correo.com
Hace 2 meses
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San Pedro, el primer Papa de la Iglesia, fue un pescador de Galilea, de nombre Simón, quien formaba parte activa de los zelotas, el grupo de resistencia israelita contra la ocupación romana.

Hijo de Jonás, era un judío creyente y observante que confiaba en la presencia activa de Dios en la historia de su pueblo. Estaba casado y su suegra, curada un día por Jesús, vivía en la ciudad de Cafarnaúm.

El Señor lo llamó a la orilla del mar de Galilea, junto con su hermano Andrés, para que ambos fuesen discípulos suyos y les prometió convertirlos en pescadores de hombres.

Como lo muestran los evangelios, tuvo un carácter decidido e impulsivo aunque a veces ingenuo y temeroso, pero honrado hasta el arrepentimiento más sincero. Jesús oró sólo por él para que no desfalleciese en la fe y pudiese confirmar luego en ella a los demás discípulos.

Siguió a Jesús con entusiasmo y superó la prueba de la fe, abandonándose a él. Sin embargo, llegó el momento en que también él cedió al miedo y cayó traicionando al Maestro, pues tras haberle prometido fidelidad absoluta, experimentó la amargura y la humillación de haber negado conocerle.

Así, Pedro conoció su debilidad y la necesidad de perdón, la verdad de su corazón débil de pecador creyente, y estalló en un llanto de arrepentimiento liberador. Tras este llanto ya estaba preparado para su misión, misión que le confió Jesús con la declaración solemne que define su papel en la Iglesia: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. A ti te daré las llaves del reino de los cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos”. Son tres metáforas muy claras que utilizó Jesús: Pedro será el cimiento de roca sobre el que se apoyará el edificio de la Iglesia; tendrá las llaves del reino de los cielos para abrir y cerrar a quien le parezca oportuno, y podrá decidir o prohibir lo que considere necesario para la vida de la Iglesia, que es y sigue siendo de Cristo, siempre de Cristo y no de Pedro.

Hacia el año 44 fue encarcelado en Jerusalén, pero Cristo envió un ángel que lo liberase para propagar la Fe por Siria, Asia Menor, Grecia y Roma.

En Roma sufrió una de las más cruentas persecuciones contra los cristianos, la del emperador Nerón.

Estuvo prisionero durante nueve meses en la cárcel Mamertina, junto con san Pablo, donde bautizaron a varios prisioneros, y de donde salió para morir crucificado, como el Señor, pero, a petición suya, de cabeza en la cruz, hacia el año 67.

En el siglo IV el emperador Constantino hizo edificar la primera iglesia dedicada a san Pedro, la misma que hoy es su basílica en la colina vaticana, y donde se veneran sus restosreliquias.

Después de Jesús, san Pedro es el personaje más conocido y citado en el Nuevo Testamento: es mencionado 75 veces con el nombre de Simón y 154 veces con el sobrenombre de Pedro.

Su festividad se celebra, junto con san Pablo, el 29 de junio de cada año.

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