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Opinión / 

La mar de chácharas

Emiliano Pérez Cruz
Emiliano Pérez Cruz perecru55@gmail.com
Hace 7 meses
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Ella llora con él. Ambos lloran. Porque él quiere ir al tianguis. Ella, su madre, no lo quiere llevar. ¿Crees que no me duele, que no siento, que soy de piedra? Estás mal, equivocado. Me duele ver cómo miras con cara de hambre, volteas a verme y me hago la desentendida, la que no ve cómo miras intensamente esos tenis, imposibles para mi sueldo de volantera en el Primer Cuadro: ¡lleve sus lentes, armazones, micas, cristales, los mejores precios, las mejores marcas, la máxima calidad, Dolce & Gabbana, Ray-Ban, Adidas, Nike, Gucci, Calvin Klein, Dior, los mejores precios, las mejores marcas, la máxima calidad…

Ella llora con él, ambos se abrazan. El chamaco insiste: me fui con el de las verduras a vender; le ayudo a bajar la mercancía, pongo la tarima y distribuyo la mercancía; por la tarde levantamos todo y me da 100 pesos, mamá, y ya junté para unos tenis.

La mamá resiste: con eso que tienes podemos acabalar la renta. Pero mira cómo están abiertos ya mis zapatos; agarra la onda, jefecita; falta una semana para pagar la renta: le chingo con el verdulero y completamos.

Pero vamos al tianguis del bordo y deja de chillar; vamos y te regalo unas pantuflas para que descanses tus pies cuando regresas de tanto andar en el volanteo.

Ella acepta, se deja querer, caminan hasta el bordo de Xochiaca y el rap los envuelve, más delante el reguetón y los cumbiones; las pacas de ropa son tomadas por asalto, hay que vestirse, renovar los trapos, se arrebatan las camisas de 50 pesos; vuelan las playeras y los chors para lucir pierna y menguar el calorón; pantalones, tenis, ropa deportiva clonada de marcas de prestigio, para andar a la moda y tirar rostro en el barrio ya endomingado.

Ambos deciden darse un gustito en el puesto de mariscos. Ella aceptó, atenida a que su chamaco se está haciendo hombre, dejó la escuela y decidió ayudar al ingreso familiar empleándose en lo que sea. Yo te invito.

Va al puesto de las micheladas y vuelve con dos enormes bolas de cristal: pa bajar bocado, jefita, no creas que es de diario. Allá tú si agarras el vicio, que es lo más fácil: lo difícil es mantenerlo, ¿ya sabes dónde comprar los tenis? Hay que regresar al mercado y preparar la comida…

Conforme la mañana avanza la gente, puebla y desborda el tianguis del bordo, curiosea en busca de mejores precios, regatea, se vuelve espectáculo dentro del espectáculo que el tianguis es en sí mismo. Es el barrio en bermudas y chancletas, dispuesto a vestir a la mascota, elegir el abarrote, localizar la herramienta para el coche que el caco se llevó; focos, lámparas, utensilios para el montañismo, CD de música para todos los gustos y edades, DVD con la película de estreno. Juguetes de novedad o reciclados, para que los chamacos no se frustren porque no tuvieron completa la colección de McDonalds o Burguer.

En la mar de chácharas buscan la manija para el coche, la moneda de plata conmemorativa, la jabonera de bronce con forma de concha marina, el candelabro para la mesita de la sala, un guante de béisbol que conserva un autógrafo del “Gordo” Valenzuela, un disco de vinil de Los Picolines que trae el hit de los 60 “Yo, tú y las rosas”; el jarrón fenicio de Tlaquepaque, un Niño Dios vestido de futbolista tapatío…

−Ahí está el puesto de las pantuflas, jefa. Escoge las que te gusten… ¡Te verías chida con unas con forma de garra de tigresa!

−Anda y disfraza a tu abuela de tigresa, prefiero esas de abuelita con peluche por dentro, ¿tendrá del número cuatro, señito?

−Aquí tiene, mídaselas. Tenga este cartón para que ponga los pies…

Llega el aroma de longaniza frita con papas, para los pambazos enchilados con salsa de guajillo. Y en el comal, tlacoyos de maíz azul con frijoles, habas, alverjón o requesón, y encima nopalitos compuestos, queso rallado y salsa verde o roja. Para pasar bocado, tlachicotón, caldo de oso o babadadrái del mérito valle del Mezquital. A un lado, las quesadillas, y la doña que vende fruto de huerta: flor de calabaza, chayote tierno, habas verdes, ejotes, nopales de a 10 varitos la docena, y peras silvestres, chapulines dorados con chile de árbol y ajo.

Y la miel en penca, los acociles frescos, las mojarras fritas, un paraíso de sabores para un tentempié y luego continuar las compras entre las carpas de colores azul, naranja, amarillo; no suelten a los chamacos, porque luego el pedo es dar con ellos entre el gentío, entre el barrio que salió a darse gusto en el consumo aunque sea de relingos, porque para nuevo no alcanza con los salarios de hambre, caray…

−Aquí vi los tenis que quiero, Jefita: réplica 1.1, casi originales.

−¡Ay m’hijooo!, deberías comprarte los originales, yo te acabalo…

−Andan en 5 mil varios, jefa, y estos son de a cuatrocientos. Y me duran casi lo mismo. Deje, me los pruebo y nos vamos a los helados, ¡qué chingaos! Si trabaja uno, pus hay que darse un gustito. Ya en la semana vemos cómo le hacemos, verá…

−Pues apúrate, que el solazo ya está en su mero punto y el domingo ni rinde.

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TEMAS acociles chamacos mercancía tianguis volanteo
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