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Opinión / Columna

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Hace 2 meses
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Carlos Rojas Martínez/ CULTOS Y MOCHOS

Corría el año de 2003, Arnold Schwarzenegger había sido elegido gobernador de California, fue en octubre cuando conocí a Raúl Jardón; él daba una charla sobre la matanza de Tlatelolco, esto pasó en la Casa de Estudiantes Lenin de Morelia. Un señor flaco, de traje gastado, boina de guerrillero, lentes gruesos y con un cigarro perenne, prendía uno tras otro, casi imperceptible al ojo humano, el humo formaba parte de su ser.

Diserto, no pude dejarle de escuchar aquella primera vez, seguía el hilo de sus elucubraciones atento, fluía a través de sus ideas como río transparente y calmado, digresiones amenas donde la literatura, la música y la lucha política se hilvanaban para dar cuenta de un horizonte histórico complejo; revolucionario anecdótico, señalaba a los enemigos de la libertad, nunca la falacia ad hominem, siempre la ironía; aunque espíritu rebelde, fue un hombre de argumentos que supo ser consecuente.

Retomo las palabras que expresó para La Jornada el 11 de octubre de 2003: “Canuto Arzate, mi tatarabuelo, fue de los pocos hacendados en Calimaya que se incorporaron a las fuerzas de Miguel Hidalgo, y peleó en el monte de las Cruces; mi bisabuelo participó en la batalla de Puebla y mi abuelo paterno, Raúl Jardón, fue capitán del Ejército Zapatista, además mi abuelo materno luchó en las fuerzas del general Cárdenas y mis papás fueron comunistas”.

Raúl Jardón fue integrante del Consejo Nacional de Huelga, le tocó sufrir los lamentables hechos de 1968; escribió Travesía a Ítaca, El espionaje contra el movimiento estudiantil, entre otros textos, también colaboró en la revista Rebeldía; como locutor de radio sobresalen “La canción de la esperanza” y “En el ruedo”, ambos trabajos dentro de Radio Educación.

En 2004, cuando yo cursaba el último semestre del bachillerato en el Colegio de San Nicolás, pude hacer gestiones para traer al “locomentarista” al alma mater de la UMSNH. El tema, en esta ocasión versó sobre los movimientos sociales. Raúl Jardón tuvo que ir al baño antes comenzar la charla, el cuerpo y sus deyecciones, cuando regresó dijo que, parafraseándolo, “los verdaderos movimientos sociales comienzan cuando las causas son justas e involucran a la mayoría, es como si en este momento todos vamos y exigimos que en el baño del Colegio de San Nicolás pongan papel higiénico, inmediatamente surgirán adeptos aquí y allá”.

Nunca olvidaré aquellas palabras de Raúl Jardón, mucho significó para mí esa tarde del haber sido en los portales morelianos, después de su presentación, comiendo a su lado y escuchando las palabras de un hombre que supo vivir alegremente, a pesar de la falta de papel en el baño y otras tantas cosas de las que carecemos los mexicanos.

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TEMAS Arnold Schwarzenegger Casa de Estudiantes Lenin de Morelia Consejo Nacional de Huelga matanza de Tlatelolco Raúl Jardón
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