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38 años del incendio de la Cineteca Nacional

 

En 2012 se estrenó el documental ‘Los rollos perdidos’ de Gibrán Bazán, donde el cineasta intentó aclarar lo sucedido en el incendio de 1982.


La Cineteca Nacional comenzó a operar el 17 de enero de 1974, contaba con solo dos salas y un área de exposiciones. En ese momento la sede se encontraba en Churubusco y poco a poco se convirtió en uno de los recintos cinematográficos más importantes en la Ciudad de México.

El 24 de marzo de 1982 un incendio destruyó la Cineteca Nacional. Durante 16 horas las llamas consumieron 99 por ciento del archivo fílmico nacional y extranjero que resguardaba la institución. Veinte años después, las causas del siniestro, el número de víctimas y el título de las películas que se perdieron para siempre se desconocen.

La sala Fernando de Fuentes exhibía la película La tierra de la gran promesa, del polaco Andrzej Wajda. A las 15:50 de la tarde los bomberos recibieron una llamada de emergencia; a las 18:30 el público fue desalojado y 15 minutos después ocurrió una explosión en una de las bóvedas que guardaba cintas a base de nitrato de celulosa.

La entonces directora de Radio, Televisión y Cinematografía, Margarita López Portillo, hermana del presidente, visitó el lugar unas horas después del incendio y afirmó: “Yo sabía que esto iba a suceder… el archivo histórico del cine mexicano se ha perdido”. Acto seguido se deslindó de cualquier responsabilidad diciendo que en varias ocasiones advirtió que la Cineteca, inaugurada en 1974 por Luis Echeverría Alvarez, “era un centro de trabajo edificado sobre una bomba”, ya que las salas fueron construidas encima de las cuatro bóvedas. Una de ellas, localizada bajo la sala privada Salvador Toscano almacenaba 2 mil rollos de película a base de nitrato de celulosa.

En las bóvedas había unas 6 mil películas, un tanque de gas y varios contenedores de diesel que se utilizaba para poner en funcionamiento la planta de luz; mientras, en la sala Fernando de Fuentes 700 personas veían la función y 150 más en el Salón Rojo. En ese momento, la Toscano, con un total de 25 butacas, estaba vacía.

Al público asistente hay que sumar los clientes del restaurante Wing’s, los usuarios de la biblioteca y quienes estaban en el resto de los espacios que integraban la Cineteca Nacional.