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Futuro incierto

 

Ni las políticas monetarias ni las fiscales puestas en marcha por los países han servido de mucho


Tras la crisis financiera de 2008 todos se preguntaban: ¿por qué nadie la vio venir? ¿Cuántos años tomará la recuperación de la economía norteamericana y mundial? Tras el triunfo de Trump todos se preguntan: ¿por qué nadie anticipó este fenómeno político? ¿Qué sucederá ahora con la economía norteamericana y mundial? Han pasado ocho años desde que sucedió la crisis de 2008 y la economía mundial no se ha recuperado. La situación en Estados Unidos es relativamente mejor, pero muy lejos de una recuperación plena. Ambos fenómenos -la crisis financiera y el fenómeno Trump- tiene un origen común: la globalización. La crisis financiera, también conocida como la gran recesión, fue en muchos aspectos una crisis económica muy diferente a todas las anteriores incluida la Gran Depresión de 1929. La de 2008 se produjo en un tiempo de profundas transformaciones.

La globalización de la economía se había consolidado y la revolución digital avanzaba a velocidad vertiginosa. La economía mundial se había integrado como nunca antes. En materia económica la gran mayoría de las economías del mundo optó por el libre comercio. China ingresó a la Organización Mundial de Comercio y surgió como una gran potencia económica. El otro gran fenómeno fue la intensa movilidad internacional de capitales. También ha sido una época de intensos flujos migratorios -legales e ilegalesinternacionales, particularmente hacia los países desarrollados.

Nadie vio venir la crisis financiera porque nadie pensó profundamente sobre los riesgos de la globalización y los fenómenos derivados de ésta. Se asumió que todos los grupos sociales serían beneficiados por la globalización. Por eso a todos los expertos les tomó completamente por sorpresa que una crisis bancaria surgida en Estados Unidos (con los valores basados en hipotecas “subprime”) se extendiera por diferentes medios e instituciones hasta poner al sector financiero mundial de cabeza. La crisis bancaria derivó finalmente en una recesión mundial.

La gran recesión no ha sido superada. Ni las políticas monetarias ni las fiscales puestas en marcha por los países han servido de mucho porque ahora todos las economías son interdependientes, navegan en el mismo barco. Cuando las grandes economías se estancan -China, Estados Unidos- el resto de las economías se estanca también como nunca antes.

Frente a este hecho los partidos nacionalistas de algunas potencias económicas como Gran Bretaña y Estados Unidos que han llegado al poder buscan romper su vinculación con la economía mundial. Tratan de desintegrarse. En el plano político ha surgido el líder político perfecto para encabezar el “movimiento separatista”: Donald Trump. Sus ideas nacionalistas y proteccionistas dan falsas esperanzas a los millones de trabajadores americanos que han resultado afectados por la globalización. Lo mismo sucede en Gran Bretaña con Nigel Farage. Prometen cambios ilusorios, inviables, demagógicos porque ya es demasiado tarde. La globalización es un fenómeno irreversible.

Las elecciones en Estados Unidos fueron seguidas con atención en todo el mundo debido a que ahora más que nunca lo que sucede en este país nos importa a todos. El electorado norteamericano, sin advertirlo, eligió a una persona que puede poner en grave riesgo el futuro de Estados Unidos y el del resto del mundo.

Con la globalización existen grandes retos, pero también grandes oportunidades. La solución no es aislarse, la solución es crear instituciones globales efectivas que ordenen el proceso de globalización para que el número de ganadores sea mucho mayor. Mientras esto no suceda viviremos en la incertidumbre. Iremos de sorpresa en sorpresa preguntándonos por qué nadie lo vio venir, por qué nadie anticipó este o aquel fenómeno.