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Viernes 13 de Diciembre 2019
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“No es cierto que aquí se gane mucho”

Miguel y la camioneta donde trabaja. Foto: Alberto Ayala

Miguel y la camioneta donde trabaja. Foto: Alberto Ayala

06 de Julio 2017

Preocupan a chatarreros las multas por su ocupación

“Recolección y desperdicios El Lobo”, se lee en su tarjeta de presentación. Aunque Miguel Peña no siempre ostentó una.

Desde hace 12 años es trabajador del llamado “fierro viejo” y empezó cargando una carretilla.

Ahora maneja una camioneta con altavoz por calles de la colonia San Rafael, ignorando que tendrá que registrar sus servicios como “chatarrero” a partir de la siguiente semana.

No pertenece a ninguna asociación, pero tiene que pagar 200 pesos diarios al dueño del vehículo, sin contar los sueldos de su hijo y sobrino, a quienes contrata como “chalanes”.

Parece preocupado al enterarse de que, de no regularizarse, podría pasar de uno a cuatro años en la cárcel o pagar multas que van de los 37 mil 745 a 150 mil 980 pesos.

La gente cree que aquí se gana mucho y no es cierto, ya hay mucha competencia, se paga gasolina, a los ayudantes, fallas mecánicas, yo pago cuentas e incluso la extorsión de los policías”, manifestó.

En la caja carga sillas oxidadas, un horno de microondas descompuesto, un regulador, un burro para planchar, una impresora, un colchón, estantes viejos y dos frigobar derruidos.

“En un día flojo hasta llegamos a perder entre 500 y 800 pesos”, advirtió, ya que no todo lo que compra lo puede vender y en los depósitos le pagan el fierro viejo a 2.80 pesos por kilo.

“Un refrigerador mediano se le saca entre 15 y 20 kilos, pero si tú le pagas a alguien 30 o 50 pesos por el, pues no es mucha la ganancia”, agregó el “chatarrero”.

Con la entrada en vigor de la Norma 024, los camiones recolectores de limpia de la capital podrán recoger los domingos el tipo de enseres que Miguel compra.

Aunque la verdadera competencia es otra. “Hay veces que te encuentras en una colonia hasta cinco camionetas como la mía”, dijo quejoso.

Sobre las nuevas normas, Miguel acepta portar algún distintivo o identificación pues, dice, “la gente podría confiar más en uno”.

Al estacionarse para cargar unas vitrinas, se acerca otra camioneta con un televisor y un ventilador a bordo. Es su cuñado, quien también vive en el Estado de México pero trabaja en esta zona de la Ciudad de México.

Justo a dos cuadras de ellos, una tercera camioneta anuncia su arribo: “Se compran… colchones… tambores… refrigeradores…”.

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JCS

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