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Viernes 16 de Abril 2021
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La Lanza de Longinos

Cruz. Foto: Especial

Cruz. Foto: Especial

27 de Junio 2018

De aquella lanza se conservan cuatro reliquias gracias a que inicialmente se mantuvo en Jerusalén y luego fue llevada a Antioquía para protegerla de la invasión musulmana

Roberto O’Farrill Corona

 

Los evangelios refieren con precisión que el Corazón de Jesús fue traspasado por una lanza luego de su muerte: “Al llegar a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua” (Jn 19, 33-34).

En la sangre y el agua del corazón traspasado de Jesús, los Padres de la Iglesia vieron, desde los primeros siglos, una imagen de los dos sacramentos fundacionales –la Eucaristía y el Bautismo– como el nuevo caudal que crea la Iglesia y renueva a los hombres. También, ante el sueño de la muerte del Señor, se han referido a la creación de Eva del costado de Adán dormido, viendo así en el caudal de los sacramentos el origen de la Iglesia: la creación de la nueva mujer del costado del nuevo Adán.

De aquella lanza se conservan cuatro reliquias gracias a que inicialmente se mantuvo en Jerusalén y luego fue llevada a Antioquía para protegerla de la invasión musulmana.

Una parte del hierro de la lanza, que se encuentra en Echmiadzin, Armenia; fue descubierta por Pedro Bartolomé durante la Primera Cruzada, en el año 1098, enterrada bajo la catedral de San Pedro, en Antioquía.

Otra parte, conocida como Lanza Hofburg, que se encuentra en el museo Schatzkammer, de Viena, estuvo en posesión del Sacro Imperio RomanoGermánico. En 1424, el emperador Segismundo la hizo formar parte del Tesoro Imperial de Praga y luego la trasladó a Nuremberg, donde permaneció hasta 1796 cuando, ante la amenaza de invasión alemana, se envió a Viena, junto con el tesoro confiado al barón Von Hügel, quien, en 1806, vendió el tesoro, junto con la lanza, a los Habsburgo, quienes la colocaron en la Tesorería imperial de Viena.

En 1938, con la anexión de Austria a Alemania, Adolfo Hitler se apoderó de la Lanza con la idea de que lo haría invencible; en 1940 la colocó en una cámara blindada a 150 metros bajo tierra, donde fue hallada el 20 de abril de 1945 por el general Alexander Patch, quien la llevó a Estados Unidos. El 7 de enero de 1946, el general George Patton la devolvió a Austria, donde permanece en el museo Schatzkammer de Viena.

Una tercera parte estuvo en la Saint-Chapelle de París, como lo afirmó el papa Benedicto XIV, desde el reinado de san Luis, de donde fue sustraída por las hordas de la Revolución francesa sin conocerse su paradero hasta ahora.

El asta de la lanza, que se conserva en la basílica de San Pedro, del Vaticano, estuvo en Constantinopla hasta que en 1492, el sultán Bajazet se la envió al Papa Inocencio VIII, aclarando que la punta se encontraba en poder del rey de Francia.

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