www.capitalmexico.com.mx
Viernes 22 de Octubre 2021
Seguimiento de COVID-19 México 22 octubre 2021 · 06:21
3,772,556 Confirmados
285,669 Decesos

Pedro Infante falleció a los 39 años

 

Los principales beneficiarios económicos de su legado han sido los propietarios de los derechos sobre las películas que estelarizó, así como el sello discográfico "Peerless"


Pedro Infante Cruz nació en Mazatlán, Sinaloa; 18 de noviembre de 1917​ fue un cantante y actor mexicano, uno de los iconos de la Época de Oro del Cine Mexicano, así como uno de los representantes de la música ranchera.

A partir de 1939 apareció en más de 60 películas, y desde 1943 grabó aproximadamente 314 canciones. Por su actuación en la película Tizoc (1956), fue acreedor al Oso de Plata​ del Festival Internacional de Cine de Berlín al mejor actor principal, y al premio Globo de Oro a la mejor película extranjera, otorgado por la prensa extranjera acreditada en Hollywood.

Pedro fue el cuarto de quince hermanos, de los cuales sólo sobrevivieron nueve, María del Rosario, Ángel (que también fue actor y cantante), Pedro, María del Carmen, María Concepción, José Delfino, María del Consuelo, María del Refugio y María del Socorro. A principios de 1924 se mudaron a Guamúchil (Sinaloa), donde Pedro pasó su infancia y es por ello que se le conoce como El Ídolo de Guamúchil.

Desde temprana edad mostró talento y afición por la música, aprendiendo diversos instrumentos. Apoyado por su padre el joven Pedro Infante estudió guitarra con el maestro Carlos R. Hubbard. Con el tiempo, llegó a formar una pequeña orquesta a la que bautizo como “La Rabia”. Tocaban en los cabarets de Guamúchil, a diez centavos la pieza. La Rabia llegó a ser conocida en todo Sinaloa, gracias a que también tocaban en rancherías y pueblos cercanos. Pedro contaba entonces con solo 16 años de edad.

A la edad de 18 años, en Guamúchil, se convirtió en padre por primera vez, de la niña Guadalupe Infante López, debido al romance que sostenía con Guadalupe López, la que fue su primera novia formal. Dicho romance fue revelado tiempo después de la muerte del ídolo de México. Posteriormente conoció a María Luisa León (10 años mayor que él), quien convenció a Pedro para que se mudaran a Ciudad de México en busca de mejores oportunidades para el talentoso joven que ya en Sinaloa había alcanzado reconocimiento como cantante. En México, el 19 de junio de 1939, Pedro y María Luisa se casaron​ y un año después adoptaron a Dora Luisa Infante hija de María del Carmen Infante, hermana de Pedro.

Pedro Infante fue un fanático de la aviación. Acumuló 2989 horas de vuelo como piloto. Estaba registrado con el nombre de rol de “Capitán Cruz”.​ Previo al accidente que le costó la vida, ya había tenido otros dos accidentes aéreos, el primero en la ciudad de Guasave, Sinaloa, donde al intentar despegar de una pista improvisada el avión no pudo ganar altura y se fue de frente contra un cultivo de maíz, de ese accidente le quedó una pequeña cicatriz a la altura de la barbilla, el segundo desplome fue cerca de Zitácuaro, Michoacán, razón por la que tuvo que implantársele una placa de platino en parte del cráneo.

El 15 de abril de 1957, Pedro Infante piloteaba un C-87 Liberator Express de fabricación estadounidense, matrícula XA KUN perteneciente a la empresa TAMSA, de la que era socio. Este modelo de avión se derivaba del B-24 Liberator, un bombardero de la Segunda Guerra Mundial que se consideraba ya obsoleto para uso militar pero todavía útil en aplicaciones civiles. No obstante, las modificaciones necesarias para convertirlos en un transporte civil hacían que tuvieran dificultades para elevarse cuando iban muy cargados e introdujeron un problema de inestabilidad longitudinal debido al estrecho margen de variación del centro de gravedad ocasionado por la disposición y anclajes originales de la bahía de bombas, modificada y expandida para formar el compartimiento de carga. En otras palabras: exigían una estiba sumamente cuidadosa de la carga, preferiblemente con un peso total de la misma inferior a su capacidad nominal. Estos y otros problemas —como la pobre distribución de los conductos de combustible, que además tendían a sufrir pérdidas y aturdir a los ocupantes con sus vapores— contribuyeron a que fuera un avión peligroso de difícil manejo y operación, temido por sus tripulaciones, que sufrió 150 accidentes con pérdida total de la aeronave entre 1942 y 1964.