Miércoles 21 de Agosto 2019
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Tratados comerciales

Foto Especial

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26 de Julio 2016

A 22 años de la firma se habla de la modernización del acuerdo

Ahora que hay un ánimo electoral en Estados Unidos se vuelve a tocar el tema de los tratados comerciales.

México no se puede abstraer de la discusión ya que suele ser un socio estratégico. No sólo por lo económico, sino por el tema de mano de obra y otros aspectos colaterales que trae per se la vecindad con la Unión Americana.

Los republicanos expresan la idea de dar marcha atrás al TLCAN, mientras que los demócratas analizan su viabilidad y buscan recuperar los empleos perdidos.

Lo que no se debe pasar por alto es que el TLC constituye un avance en la estrategia de política de negociaciones comerciales internacionales de México, la cual busca ampliar, diversificar y mejorar el acceso de los productos nacionales a los mercados externos, permite obtener reciprocidad a nuestro proceso de liberalización comercial, reduce la vulnerabilidad de los exportadores ante medidas unilaterales por parte de los socios comerciales y fomenta los flujos de inversión extranjera directa hacia el país.

Recientemente, México está dispuesto a actualizar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) si sus socios Estados Unidos y Canadá lo plantean, en medio de las amenazas del candidato republicano Donald Trump de renegociar el pacto o retirar a su país si gana la presidencia estadounidense.

Sin embargo, no es lo mismo actualizar que buscar una revocación o, en su caso, modificar puntos del acuerdo mismo. En Estados Unidos no hay un ánimo de modificar el tratado ya que sería costoso en materia de negociación y por tal puede ser motivo de un diferendo innecesario.

A 22 años de la firma se habla de la modernización del acuerdo. Aunque este tema es recurrente en la agenda política de EU. No hay que olvidar que se trata de tiempos electorales y cualquier asunto que trastoque el nacionalismo norteamericano es susceptible para que se suba a la arena política. A final de cuentas es la rentabilidad del debate de buenos contra malos.

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