Martes 16 de Julio 2019
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Don Sergio tampoco fue presidente…

Especial

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16 de Enero 2019


Inentendible la necedad de quienes pretendían taparle el paso a Carlos Salinas de Gortari a ojos vista desde la perspectiva senatorial, dueño de la candidatura del PRI a la Presidencia de la República. Hemos comentado el desastrado suceso en la Unión Soviética cuando a sabiendas de que el mero bueno era su hijo, manifesté ante Raúl Salinas Lozano, el viejo agrio, mi horror por la perspectiva de que un junior de la política se trepara a la Silla del Águila.

Teóricamente, aunque sabían que era una posición falsa, los legisladores apoyaban con entusiasmo la candidatura de Alfredo del Mazo.

Y luego, los despistados, en el propio PRI se afiliaron a una causa perdida: el lanzamiento de Sergio García Ramírez. Acudimos al destape presidencial que se realizó en el estacionamiento general de la sede tricolor. Trepados en una tribuna, primero, y luego de pie al escuchar las versiones entretejidas y una transmisión de radio en la que el bueno no era Carlos Salinas (hasta la fecha dicen que nunca fue ni será) ni Alfredo del Mazo, que el dedo sagrado se había decantado por Sergio García Ramírez, ex procurador del DF, igual cargo en la PGR y creador de las fracasadas cárceles sin rejas.

Con el senador Patrocinio González Garrido y Miguel Ángel Granados Chapa comentamos lo insólito del anuncio. En las rejas, las huestes de La Quina con cacerolas y otros fierros, armaban un barullo impresionante y gritaban que no permitirían el arribo a Palacio Nacional de un asesino. Se referían al folleto financiado por los petroleros, reproduciendo el diario El Universal con el desgraciado suceso en el que perdió la vida una sirvienta niña en la casa de los Salinas de Gortari.

Como recordamos, ya presidente Salinas se la cobró a La Quina con un par de muertitos, uno tieso en la puerta de su casa; el otro, el ministerio público encargado de la faramalla.

La intervención de Netzahualcóyotl de la Vega impidió una estampida. Silvia Hernández, senadora queretana, encabezó al tropel de oportunistas que se apersonó en la casa del destapado que les informó que el partidazo ya había descobijado a Salinas de Gortari.

La recua política echó marcha atrás, llegó con vivas al nuevo tlatoani y buscando la rendija por donde colarse al besamanos. Los senadores y el jefe el Prensa del Senado, yo, estábamos en el salón donde el ungido recibió la salutación.

Pero no fue besamanos sino salutación, que quede claro.

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