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Domingo 16 de Diciembre 2018

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El apóstol Judas Iscariote

El hombre la prostituyó en tres estados Foto: Cuartoscuro Foto Capital Media
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20 de Septiembre 2017
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Judas no soportó su culpa y se suicidó colgándose de un árbol

Es probable que Judas Iscariote fuese el mejor amigo de Jesús, como lo demuestra el gesto, de gran tradición judía, de comer de su plato.

Judas era un zelota, integrante del grupo de resistencia a la ocupación romana, que esperaba la llegada de un mesías libertador que venciese a los invasores para implementar un nuevo reino, como el del rey David, para lo que había empeñado su vida en la obtención de armamento y recursos.

La propuesta de Jesús era divina y pacífica; la de Judas era humana y bélica. Judas entendía el mensaje de Jesús pero no estaba de acuerdo con sus formas pacíficas, y discutía con su amigo y lo impulsaba a lanzar el inicio de la rebelión.

Jesús le explicaba, pero Judas no quería entender…

Cuando Iscariote vio a su amigo juzgado, calumniado y golpeado en el sanhedrin, enfrentó su error y trató de repararlo devolviendo las 30 monedas, pero ya era tarde. Judas no soportó su culpa y se suicidó colgándose de un árbol, muriendo como un maldito de Dios, según las leyes judías.

Sin embargo, Judas era uno de los 12 apóstoles, como señalan los evangelistas, pues el mismo Jesús, dirigiéndose a los apóstoles, se refirió a él como “uno de ustedes”.

Una pregunta común, de siglos, consiste en saber si Jesús perdonó a su amigo Judas. La respuesta es que el Señor no condena a nadie, es cada uno el que se condena a partir de sus propias acciones, y las de Judas fueron tomadas por su propia voluntad y en libertad. Además, las palabras de Jesús “¡Ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado! ¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido!” (Mc 14, 21), son un lamento hacia su condenación, pues se nace para la salvación, no para la condenación, y en tal caso es preferible no nacer que pasar la vida eterna en el mar de fuego.

Las posibilidades de perversión del corazón humano son muchas, el único modo de prevenirlas consiste en asumir siempre el punto de vista de Jesús.

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