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Jueves 18 de Abril 2019

Jueves 18 de Abril 2019

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El arte de la confusión…

Una de las estaciones sin combustible. Foto: Cuartoscuro Foto Capital Media
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09 de Enero 2019
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Sin tener claros los procedimientos para impedir el robo de combustibles y las formas para mantener el abasto e impedir el mercado negro, con más robo y venta clandestina del producto, las autoridades desde el más alto sitial de la República se hacen bolas y se contradicen.

El presidente López Obrador asegura que no hay falta de gasolina pero que no abrirá los ductos para impedir el robo de los huachicoleros. A la vez y como parte de un discurso que ya fastidia de tan repetitivo, culpa de todo a los anteriores mandos gubernamentales.

Por su parte la secretaria de Energía y el director de Pemex afirman lo contrario y hablan de desabasto en el centro del país y la capital de la República. Acatan como solución el uso de camiones cisterna, aunque el mandatario así, sin vaselinita, nos introduce su versión de que diariamente eran robadas mil salchichas de Pemex. Ignoro si la institución cuenta con ese número de vehículos para tal tráfico que, por cierto, se reparte con empresarios que cuentan con sus propios carros tanque.

Y claro, unos minutos después que se anunció el uso del Ejército para tapar la fuga de gasolina en las instalaciones de la empresa petrolera, tranquilamente se aseguró que se había logrado disminuir tal latrocinio en 50 por ciento (primera versión) y 75 por ciento (segunda versión).

Dos cuestiones han sido evadidas en el afán tonto de culpar a los anteriores gobiernos: el centro del huachicol ha sido siempre Puebla hacia la sierra norte a partir de Amozoc. En varios pueblos de la región se registraron batallas entre los habitantes en defensa de su industria ilegal y el Ejército. En Palmarito, se recuerda, murieron diez personas y los pobladores armados usaron niños para oponerlos a las armas castrenses.

La otra cuestión, a partir del exdirector Pascual Gutiérrez Roldán se crearon varias empresas relacionadas con el petróleo. Hoy, su yerno, Jiménez Espriú y su hija son accionistas y directivos de tales negocios que tienen concesionada la importación y transporte de gasolinas en todo el país, cuentan con millares de vehículo cuya posesión anuncian en los medios, y ganaron también una licitación para perforación y explotación en una zona del Golfo donde ya trabajan activamente.

Sin arañas en la panza puede afirmarse que no sólo hay un conflicto de interés sino una verdadera transa porque Jimenitus y cónyuge son los beneficiados de los nuevos métodos de distribución de combustibles.

¡México, creo en ti..!

carlos_ferreyra_carrasco@hotmail.com

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