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El barrio, pa no ir tan lejos

 

Usted dirá que es la rutina, lo de todos los días


Usted dirá que es la rutina, lo de todos los días; que le repatea estar siempre en lo mismo: que levantarse, que acicalarse, echarle algo a la barriga, ir al wc porque luego agarran las ganas en el camino y salir rumbo al trabajo y partirse el lomo todo el día en la fábrica, discutir con el ingeñero de Relaciones Laborales (vulgo: jefe de personal) y, molido, encabritado, regresar a la cosecha de quejas, de peticiones familiares que sólo con Poderoso Caballero pueden tener feliz desenlace…

Usted dirá lo que quiera, pero lo he visto bajar de la pecerda, sudoroso, malhumorado porque venía como sardina en su jugo y en el ajeno, con la cabeza de lado durante todo el trayecto, porque el techo del camioncito lo hicieron para enanos más que para chaparros, y este chofer que parece que aprendió a manejar con el acelerador a fondo y el freno de sopetón, haga falta o no…

Usted dirá lo que quiera: que detesta al barrio, que está lleno de vagos y malvivientes, que qué es eso de que los chamacos invadan la calle para jugar cascarita o tochito en plena calle, que le repatean los balonazos en la espalda, que de buena gana se escabecharía a cuanto malviviente se le plantara delante, porque usted trabaja para vivir, cuando lo que quisiera es vivir para trabajar: por gusto, donde lo dejaran crear y recrear, proponer, innovar, hacer las cosas bien en lugar de al ai se va…

Usted dirá lo que quiera, pero siento que te conozco, mosco: que respiras satisfecho cuando sientes el viento del oriente que te refresca la nuca; que sacas el cigarro sin filtro y aspiras con placer la primera bocanada, porque ya estás en tu territorio, la colonia, el barrio donde naciste y creciste, conociste hembra placentera y a las consecuencias te atuviste al atinarle a la caja de los títeres, donde crece el chipote chillón y se vuelve bebé, niño, problemático adolescente; que no te aguantas las ganas de llegar y pedir que te sirvan la cena, por eso detienes el paso frente al puesto del Pachito, que ya se hizo de pronta fama por sus quesadillas de pollo, queso, tinga, carne deshebrada, flor de calabaza y hongos, y también por el café de olla y los sopes y tostadas de pata envinagrada, se ha ganado la fama ese muchachón con el que has bromeado:

–¡Ésele Pachito, ese Gelas! Orita regreso por dos tostadas para llevar –pide al paso un conocido, y Pachito aprovecha para cotorrearlo porque le gusta carnear al prójimo, aligerar los ánimos:

–¿De qué chile te lo pongo en las tostadas, rey? –Del que a ti te guste, manito –revira a lo lejos el cliente y suelta la carcajada al darse cuenta que se puso de a pechito pal revire…

–Pus te voy a poner del de Gelasio, pa que te ardan las tostadas –ríe Pachito y Gelasio festeja la respuesta y tú casi te atragantas por reír con la boca… –Mueva el bigote, que la casa pierde, como dicen ustedes aquí… Y hay que mantener a la pareja…

–¿Y a poco en su tierra también hacen chacachaca entre dos hombres, Pachito? –preguntas por molestar nomás.

–¿A poco por paisas no podemos dejar que el corazoncito se vaya por donde se le antoje? –sonríe socarrón Pachito y le dirige una mirada entre pícara y amorosa a Gelasio, quien se retuerce como tlaconete en sal, más colorado por la chiveada que por el calor del comal al que no quita el ojo, atento a la cocción de las tortillas. –Ya dijo el dicho: el pie camina pa donde el corazón se inclina, y el mío se fue pa donde quiso.

Y vaya que se necesita ser muy macho y sostenerse, porque antes no había eso del movimiento gay y las lesbis y las marchas que hacen para que haya respeto a las preferencias, para que cada quien haga de su cola un papalote.

–¡Ay Pachito!, pero siendo tan guapo no creo que las chamacas se le negaran –mete hilo para sacar hebra la Tona, quien le ayuda a despachar y cobrar.

–Mira Tona, ya te he dicho que el pie camina para donde blablablá, y sé que bien que te gustan los hombres y me has dicho por qué y pues por eso mismo te he dicho que mi pie…, pues es mi pie…

–¡Dorro! –exclama el conocido, ya de vuelta por su pedido y dispuesto al cotorreo entre quecas y sopes.

–Corrientote… No se te quita lo corrientote, Chuchín.

Tente en paz, que hay chamacos y personas de edad.

Chuchín toma el envoltorio que le tiende Tona y saborea. Una leve brisa mueve la lona bajo la cual se encuentran. Una jauría pasa de largo persiguiendo a la perra que se detiene a beber agua de un charco. A lo lejos, un sonidero dedica esta linda melodía para Fabián, que hoy celebra su salida de la secun con sus amigos y sus bellas damitas: para ellos esta cumbia del recuerdo, bailalá, bailalá, bailalá mi negra…

–¿Tú bailarías mi negra en la fiesta de graduación, mi Pachito? –insiste Chuchín en ser procaz. Pachito hace un gesto de hastío:

–¡Ay!, pero si te llenas la bocota con esas cosas, Chuchooo. El que hambre tiene, en flan piensa, chamaco.

Usted dirá que es la rutina, lo de todos los días. Usted dirá lo que quiera, pero sonríe satisfecho, saca un cigarro sin filtro y pide la cuenta. Paga, se despide de la clientela y ai va con la barriga llena y el corazón contento.