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Lunes 25 de Enero 2021
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Entre el odio y la razón

Vista de la Casa Blanca en Estados Unidos. Foto: AP

Vista de la Casa Blanca en Estados Unidos. Foto: AP

02 de Agosto 2016

Estados Unidos es un país dramáticamente dividido

Lo volvemos a repetir, pese a lo que sostiene el presidente, Barack Obama, Estados Unidos es un país dramáticamente dividido en forma inequívoca por un enfermizo racismo que se arraigó desde su creación y que no ha podido superar, o para mejor explicarlo, porque en esa parte de su población es parte de su razón de ser.

Aunque es una realidad que se comentaba poco, tenía que aflorar en algún momento en forma contundente y ahora el vector para tal explosión se llama Donald Trump, el magnate de la construcción y de las comunicaciones, aspirante a la Casa Blanca, quien sin recato alguno expone y presume su racismo, su xenofobia, en una palabra su odio hacía todas las personas que no sean como él se considera: “blanco puro”.

Bastó esa desvergüenza pública para que todos sus congéneres afloraran como esas plantas trepadoras que lo destruyen todo. Aquí está la explicación de cómo un sujeto hasta cierto punto desconocido, como Donald Trump pudo superar a sus oponente para imponerse con el candidato presidencial del Partido Republicano, y estamos refiriéndonos a personajes de reconocida militancia.

A ello, obviamente que colaboraron y colaboran infinidad de medios, cuyos dueños y directivos en su ADN, es decir, en su disco duro genético está la meta del racismo intolerante. Prueba de ello son las encuestas que a favor de Trump lanzan y luego las adosan. Un día Donald está en la cúspide y el día después no tanto.

Es de tal gravedad la sola suposición de que el separatista, segregacionista y discriminador llegue a la Presidencia de la llamada Unión Americana que sus mismos compinches de partido lo han abandonado. Algunos analistas afirman que si Donald se convierte en el comandante en jefe de la gran potencia tendrían que pasar 30 años para que Estados Unidos reparara el daño que le infringiera como ocurrió en Alemania con Adolfo Hitler.

Para fortuna del mundo entero, las últimas mediciones hacen saber que Hilary Clinton supera a Trump con siete puntos y no se diga del voto de los latinos, de los mexicanos en particular, de los islámicos, de la gente de color y de la mujeres, conglomerados a los que ha insultado el neofascista de pacotilla.

Aun así, le toca al pueblo dividido de Estados Unidos, decidirse entre el odio y la razón.

Periodista, editor y radiodifusor

@GustavoRenteria

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