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Extorsionados

 

Inútil, ninguna puerta se abrió, todos dijeron lo mismo; mejor negocien, están en el Edomex, ahí nadie la libra


Rubén Lara León

Jueves 9 de agosto. Convocados de urgencia para una reunión oficial, salimos de Zacatecas en carro de una dependencia federal, emplacado en Morelos. Veníamos advertidos: pasando la caseta de Tepoztlán entraríamos a zona sin ley. Debíamos evitar policías municipales o estatales, pues “son insaciables y nadie los controla, actúan solos”.

Apenas pudimos llegar a Tlalnepantla.

Una desvencijada patrulla con la leyenda “Infracciones” nos orilló en pleno Periférico, a las 10:30 de la mañana.

Tenían seis carros enfilados, todos con placas foráneas, en riguroso turno para ser extorsionados. Cuando llegó el nuestro, dos mozalbetes desfajados y con sus datos ocultos, quienes seguramente nunca pasaron un control de confianza, iniciaron el ritual: “No, pues este problema le va a llevar el resto del día, son cuatro días obligatorios de corralón, es una multa de 8 mil pesos, debemos presentarlos al Ministerio Público” entre otras lindezas de un repertorio muy bien ensayado para asustar incautos.

Nosotros sabemos de normas y reglamentos, les hicimos ver lo insostenible de sus amenazas. Cuando entendieron que no nos intimidaban, entonces usaron el argumento infalible: “háganle como quieran; podemos hacer hasta que los detengan”. Buscamos apoyo, acudimos a nuestras fuentes.

Inútil, ninguna puerta se abrió, todos dijeron lo mismo; mejor negocien, están en el Edomex, ahí nadie la libra. Urgidos de llegar, cedimos, lo digo con profunda vergüenza. Todavía al retirarnos, nos previnieron con un dejo de burla: “tengan cuidado al pasar Naucalpan, ahí son peores”, y es cierto, en ese municipio fuimos asaltados por policías hace un par de años.

Transcurrimos el resto del trayecto con verdadero temor, invadidos de una íntima y lopezvelardiana tristeza reaccionaria, sabiéndonos vejados e indefensos frente a dos papanatas con uniforme que, sin ninguna duda, eran policías del Estado de México, esa entidad donde la ley es una anécdota. Y todavía se preguntan por qué perdieron.