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Hacer posible lo imposible

 

Hay en México una ausencia de estrategias de coordinación entre las instituciones responsables de la seguridad


Alguien, por fin, privilegia la aplicación de la inteligencia antes que la confrontación en la lucha contra la delincuencia organizada. Al reconocer que en el contexto actual del país domina un clima de violencia “nacido del deseo de poder vinculado con la perversidad humana”, cree que es posible revertir esa realidad de inseguridad en paralelismo con la corrupción e impunidad, con voluntad política, con tácticas y estrategias no ensayadas a nivel nacional.

Con el estrambótico y retador título “Para hacer posible lo imposible/ Una mirada a la seguridad pública en México”, empezó a circular el libro, en parte autobiográfico, en tramos histórico, pero sobre todo propositivo y puesto al lado de la voluntad política y policial para abatir la inseguridad en México.

Lo escribió un alto mando policial federal, Nicolás González Perrín, hoy ministro en funciones agregado de la Comisión Nacional de Seguridad-Policía Federal para Estados Unidos y Canadá, con sede en Washington.

A diferencia del libro que vino a presentar Genaro García Luna, exdirector de la Agencia Federal de Investigación (AFI) en el sexenio de Vicente Fox y exsecretario de Seguridad Pública Federal en la administración de Felipe Calderón, que ofrece más de lo mismo en materia de seguridad y combate a la delincuencia organizada, el de González Perrín no propone mandos únicos policiales, sino coordinación y estrategias regionales en las que participen policías municipales, estatales y federales para responder a los retos que representan las organizaciones delictivas.

Las premisas de González Perrín parten de la dignificación de las policías y de la reivindicación de su empatía con los ciudadanos, en vez de la criminalización a priori que ha sido la constante en los tres gobiernos recientes. “Empoderar a la policía es empoderar a la ciudadanía”, es uno de los principios que defiende este hombre, policía de carrera de toda la vida, perteneciente a la vieja Federal de Caminos y quien fue protagonista principal en la tercera detención de Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera en enero de 2016, medio año después de que se había fugado por un túnel de la cárcel de presunta alta seguridad del Altiplano.

Hay en México una ausencia de estrategias de coordinación entre las instituciones responsables de la seguridad.

Esa absurda falta de comunicación entre secretarías y procuradurías es aprovechada por los grupos criminales.

Trabajar en forma coordinada es el secreto del éxito, sostiene este funcionario policial internacional. Hay que “tropicalizar” las operaciones, lo que significa adaptar los programas de seguridad a cada región del país, fuera de un esquema rígido y autoritario que, para empezar, discrimina y criminaliza a las policías municipales.

La policía federal no tendría que sustituir a las estatales y municipales, pero sí coordinar el trabajo y colaboración entre alcaldías y estados. Las policías de los 2 mil 440 municipios de la república son la base de la seguridad, pero debe haber una supervisión operativa, gerencial, permanente, sugiere González Perrín. Es posible establecer lazos de unión y cooperación, crear identidad, impulsar sinergias que alienten los valores de servicio, motivar el desarrollo individual y de grupo.

Una visión diametralmente distinta de aquélla que pretende anular la función policial municipal mediante 32 mandos únicos propuestos en una iniciativa que duerme hace años en un Congreso pasmado y que no sabe a dónde ir.