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Martes 23 de Abril 2019

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Impulso Progresista. Presencial vs. productividad

STAFF CAPITAL Foto Capital Media
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07 de Octubre 2018
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Aurélien Guilabert

¿Ya se fue el jefe?, es la frase común que suele escucharse para dar salida; expresión de la relación laboral paternalista y de servidumbre poco redituable. En México la productividad laboral tiende a medirse más en el número de horas de estancia en la oficina –a pesar de dedicar una gran parte de su tiempo al esparcimiento personal– que en los objetivos y resultados producidos.

De hecho, entre los integrantes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), México brilla por ser el país donde más se labora, con respecto al número de horas trabajadas. Aun así, es también el país con menor productividad. Según varios estudios de organismos internacionales como la OCDE, entre más horas trabajadas menor será el rendimiento, especialmente por cuestiones de motivación y de aprovechamiento de capacidades físicas o mentales.

Las nuevas formas de trabajo en línea o desde casa bajo sistemas mixtos y de trabajo por objetivos han demostrado sus éxitos en varias industrias –en en el sector terciario, por ejemplo–. En las ciudades donde la movilidad se caracteriza por una problemática ya estructural, modalidades innovadoras como el teletrabajo se vuelven una solución positiva que detonan la productividad y tienen un impacto benéfico en materia de desarrollo sostenible.

El Banco Mundial también señala a México como uno de los países con menos vacaciones retribuidas, comparado con países de la Unión Europea cuyos Estados miembro por normativa tienen que garantizar al menos cuatro semanas de descanso retribuido al año a sus trabajadores, como parte del derecho laboral regional.

Varios expertos precisan que el riesgo al desempleo o a caer en la informalidad laboral son variables que impiden la disminución del tiempo trabajado. Sin embargo, es posible interpretar las cosas desde otro ángulo. Se podría pensar en una norma de reducción del tiempo laboral para grandes empresas, las cuales tendrían que emplear a más personas; esto a su vez aumentaría la productividad, lo que al final reduciría incluso su costo original.

Aumentar el número de días de descanso no frenaría la productividad, al contrario, podría abrir tangiblemente, con el acompañamiento del Estado, el acceso a nuevos mercados de consumo especialmente en la rama turística, muy poco explotada frente al inmenso potencial mexicano.

Los sindicatos –pese a su poder e influencia– tienen pendientes la movilización de sus fuerzas con el objetivo de defender la dignidad y la calidad laboral de las y los millones de empleados. Si bien las luchas para el aumento del salario mínimo son indiscutibles, las y los legisladores tienen que promover un cambio de cultura laboral y la transición hacia un modelo mucho más redituable.

Reducción del tiempo laboral, aumento del número de días de descanso retribuido y promoción de nuevas formas de trabajo son ejes poco debatidos en la política laboral, a pesar de sus efectos positivos comprobados no solamente sobre la economía, también sobre la calidad social y comunitaria de un país y de su población. El sector laboral tiene que replantearse para fortalecer su productividad desde un enfoque de derechos humanos, de inclusión y de promoción de la calidad en el trabajo.

 

*Fundador de Espacio Progresista, A. C. Asesor en estrategias de políticas públicas, incidencia social  y cooperación internacional.

@aurel_gt

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