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Miércoles 16 de Enero 2019

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Joven premiado, orgulloso de su origen

Ricardo Pedro Pablo. Foto: Especial Foto Capital Media

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14 de Noviembre 2017
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Funcionarios, invitados y periodistas nos quedamos en silencio

FERNANDO FUENTES

“De dónde vengo, de mi natal Tuxtepec, Oaxaca, hay una regla, me atrevería a decir una ley: naces pobre y mueres pobre”, estas fueron las palabras del principal orador Ricardo Pedro Pablo, que retumbaron las paredes del MIDE, al recibir el Premio Nacional de la Juventud 2017 que otorga el Imjuve.

Funcionarios, invitados y periodistas, nos quedamos en silencio, atrapados en nuestro espacio escuchando y observando a Pedro Pablo, destacado alumno mexicano en Química del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), una de las tres universidades más importantes del mundo, quien tiraba cada palabra como una piedra que nos tambaleaba de nuestros lugares: “Mi madre y padre son indígenas de Oaxaca. Nací de un parto natural en casa de mis abuelos en La Mina, pero fui registrado en Morelos. Desde pequeño no he sido ni de aquí ni de allá, mi infancia la pasé entre Morelos y Oaxaca (…) De niño vendí limones, aguacates y frutas en La Mina. Crecí sin mi papá y mi mamá tenía que fregar los pisos para mantener a sus seis hijos. Sé lo que es tener hambre y sé lo que es tener un bolillo y un vaso con agua. Sé lo que es tener a la familia separada, nunca me he sentado con mis cinco hermanos juntos, todos han migrado en distintos momentos”.

Ricardo Pedro Pablo, egresado de la Facultad de Química de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), continuó leyendo sus tres hojas de papel: “En la primaria me dediqué a trabajar en el campo. En la secundaría trabajé de canastero, ayudando a cargar las bolsas de las personas.

No aprendí zapoteco, por la lejanía con mis padres y abuelos, y porque mi madre siempre se rehusó a enseñarme, para evitarme problemas de discriminación. Vivimos en un mundo y un país con la mala costumbre de juzgar a las personas por su forma de vestir, hablar y por el color de su piel”.

“Alguien se burla de mis huaraches, estos con los que hoy vengo. Me dicen indio huarachudo, yo les contesto: ‘Mis huaraches han viajado por el mundo, son el ejemplo de ir de un lado a otro por la vida, es cargar sus raíces, de aquí para allá. Mis huaraches me los regaló mi abuelita, hace cuatro años, antes de morir, están por romperse, pero hoy los uso’”, dijo.

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