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Domingo 15 de Septiembre 2019
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La nueva carpa

Foto: Facebook

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08 de Noviembre 2018


Estamos a un tris de inaugurar la nueva carpa que no presentará novedades porque actuarán los mismos payasos que harán las mismas carantoñas, iguales machincuepas y “graciosas huidas” transformadas por arte del perdón divino en retiros, aunque cargados de doblones de oro y con las escarcelas repletas de otras monedas de alta denominación. Si hay testimonio por televisión será mayor el orgullo del perpetrador.

Aplicábamos este término al sistema político y su representación más acabadas, el Congreso, principalmente. Los protagonistas sin la gracia de los cómicos carperos, Cantin as destacadamente, Manuel Medel, Clavillazo (sin alusión a exdirigente partidario alguno), Palillo, emblema del discurso opositor; los dirigentes nacionales integraron toda suerte de leperadas a su lenguaje coloquial, el que usan con las masas como si éstas por serlo, no merecieran respeto.

Esta forma de expresión, curiosamente, se inició con un mensaje en las redes a cargo de una niña de trece años, supuestamente de familia gazmoña, conservadora y recatada, que a las críticas a su padre, casualmente (uso la expresión deliberadamente) presidente de la República, colgó la etiqueta a los sectores populares, como “pendejos” de la “prole” (o sea la proletariza), los infelices que trabajan. El trabajo como estigma, pues.

El padre de la infanta aprendió de su bien educada hija. Y en la primera ocasión que tuvo dijo a los empresarios que ningún presidente se levanta con el ánimo de joder a México. Eso, en tonta referencia a un lema, Mover a México, que para información de ese señor ha sido lema de los morenistas tiempo ha.

Dejando de lado el lenguaje, vulgarizado por la expansión incontrolable de las redes sociales, vemos que, si antes había un circo de una pista, hoy tres simultáneas son insuficientes. Los mismos des guros, si los que ocuparán los cargos importantes son un subproducto del sistema, aprendieron con quienes se fueron y en muchos casos los superaron. Díganlo Bejarano o Scherer que arrastra un pecadillo azucarero perdonado por intercesión paterna.

Para que conste que todo es igual, la impúdica boda de un señor el más estrecho colaborador de don Peje, que pre rió el cargo de coyote, se gana más sin riesgos de Contralorías y Procuradurías; el periplo del joven que desmenuza en Europa formas propias para vivir mejor; la casona (de discutible gusto) de la futura ocupante del Palacio de Covián, a la que quitan toda injerencia en seguridad y manejo político, chamba directa del mandatario.

Nuevo circo con los mismos payasos…