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Leyendas sexuales. Juego de manos

 

Conforme crecemos, nuestros juguetes van cambiando


Cuando somos niños, pocas cosas nos hacen más felices que los juguetes. No importa que tengamos una tonelada que nos asfixie en nuestra habitación, siempre hay lugar para uno más.

Conforme crecemos, nunca dejamos de jugar, es sólo que nuestros juguetes van cambiando. Actualmente, los aparatos electrónicos encabezan la lista de los entretenimientos más deseados por los adultos. O al menos, son los primeros en la lista de deseos de los que se puede hablar en público.

Ya sabemos que para lo otro, lo prohibido, existe una serie interminable de opciones con qué jugar, ya sea solo o acompañado. Lo importante es, como siempre hemos dicho, fijar las reglas que las personas involucradas deben seguir. A partir de ahí, todo lo que quede es  diversión.

También hemos hablado antes de quitarle solemnidad al sexo. Esa perspectiva desde la que un encuentro erótico es la culminación sublime del amor provoca que lo tomemos demasiado en serio y dejemos de lado la parte del disfrute. No todo tiene que ser como escena de telenovela de la tarde, con musiquita de fondo y todo.

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Volviendo a la lista de deseos, hoy en día tenemos la enorme facilidad de ordenar todo lo que queramos obtener a través de Internet. Incluso si no se vende en una tienda física del lugar donde vivimos, los juguetes sexuales más sofisticados pueden llegar hasta la puerta de nuestra casa con sólo unos cuantos clics.

Las opciones son infinitas y van desde las más sencillas, como dildos, vibradores, muñecos o muñecas de látex y esposas de fantasía, hasta las más sofisticadas tecnológicamente, como esos aparatos que parecen una caja y tienen un agujero en el que un hombre puede meter su pene y disfrutar todo tipo de movimientos y sensaciones, como calor, humedad, succión, presión y más. Claro que todo esto es controlado por un programa de computadora que puede ser manejado desde el teléfono celular. Evidentemente, tanta tecnología es costosa (en dólares, por lo regular), pero por tan versátil invento, parece que vale la pena.

Para los juegos solitarios de las mujeres, la oferta es un poco más modesta –por desgracia–, sin embargo, también pueden acceder a los más discretos y sofisticados vibradores que ya ni siquiera se venden en forma fálica, sino de pequeñas cápsulas que permiten incluso una masturbación más cómoda sin tener que manejar un aparato voluminoso entre las piernas.

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También, por supuesto, es divertido jugar en pareja. Los juegos de rol están entre los más socorridos por los amantes que se meten en el papel de maestra y alumno, policía y ladrón, empleada y jefe o hasta dos perfectos extraños que se conocen en una estación del Metro. Espero que esto no suene demasiado retorcido, pero me recuerda a cuando, de pequeños, jugábamos con nuestros amiguitos y asignábamos papeles con la simple frase “…que tú eras el vendedor y yo la señora que compraba frutas”. Ojalá fuera así de fácil proponer los personajes entre adultos.

Los disfraces pueden ayudar mucho a este tipo de dinámicas, y estos pueden ser tan “tradicionales” (maestra-alumno) o tan atrevidos y trasgresores como la pareja quiera. ¿No se te ha ocurrido nunca hacerlo enfundado en un traje de Santa Claus, de Rey Mago o de duende?

Lo importante es que la intensión de jugar y la necesidad de obtener diversión nunca nos abandonan, sin importar la edad que tengamos. Hay que dejar fluir esa intención y sólo asegurarnos de que todos los participantes se estén divirtiendo. Los escenarios, los aditamentos y las formas de exprimirlos al máximo simplemente irán surgiendo. Como siempre, la imaginación nos puede llevar al juego perfecto.

* Periodista especializada en salud sexual.

@RocioSanchez

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