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Opinión

Leyendas sexuales. Mujeres al mando

Podemos estar en un nuevo milenio y dominar las tecnologías más modernas, pero en la dinámica erótica pocas cosas han cambiado. En nuestra sociedad, se espera que el hombre tome la iniciativa y que fije y supervise las pautas durante la relación sexual.

Lo usual es que el varón marque el inicio, el ritmo, las posiciones y las actividades que se van a desarrollar en la cama, además de que, por supuesto, su orgasmo selle el gran final del acto. En estricto sentido, las cosas no son demasiado diferentes de como sucedían en la generación de nuestras abuelitas, donde el papel de las mujeres solamente era ponerse flojitas y cooperar.

¿No será ya hora de cambiar? Al menos por un día, o si se puede más, las parejas deberían comenzar a experimentar nuevos roles en las relaciones sexuales sin que los señores se pongan locos al pensar que las mujeres quieren dominarlos hasta en el sexo. Y sí, será bueno cambiar quién manda en ese ámbito y que ellos sepan lo que es confiar plenamente en su pareja y, ¿por qué no?, seguir indicaciones (por no decir obedecer órdenes).

Tal vez suena exagerado, “nuestra vida sexual es toda de común acuerdo”, dirán muchos. Sin embargo, hay que ver la situación más analíticamente: por lo general, el hombre propone y la mujer acepta o rechaza. Este fenómeno ha sido llamado “caballerosidad”, “tradición”, “normalidad” y otras palabras que, en lo personal, no me gustan, pero nos hacen creer que las cosas son así y que nada de lo que hagamos logrará cambiarlas. Mentira.

Piénsalo, una noche donde ellas manden y ellos obedezcan debe ser divertida para todos: los hombres, por un lado, dejarán de sentir la presión de ser el amante perfecto y podrán dejarse llevar y concentrarse sólo en el placer que estén sintiendo; las mujeres, por el otro, pondrán en práctica su creatividad y ejercitarán su don de mando, además de pedir exactamente lo que quieran y como lo quieran.

Como toda práctica sexual inusual, lo mejor es tener una charla previa con el propósito de fijar las condiciones. La dinámica puede ser llevada a diferentes niveles. El más básico, por llamarlo así, sería que la mujer indique dónde quiere ser tocada y de qué forma, qué posiciones prefiere, etcétera. Si lo piensas, hablar o escuchar hablar explícitamente en el sexo es excitante para muchas personas.

Entonces, el primer paso es que ella ordene; el segundo, que él obedezca. En esa charla previa debe establecerse que él hará todo lo que ella pida; es aquí donde entra la excitación de sentirse vulnerable pero también la confianza de que ella no propondrá cosas que puedan dañar a su compañero.

¿Quieres ir un paso más allá? Incluye una venda en los ojos o cuerdas para inmovilizar. Nada como el bondage a fin de que no haya duda de quién manda sobre quién. También puede funcionar para las más tímidas o las que todavía temen que su pareja no quiera comprometerse con el juego. Eso sí, en este tipo de prácticas siempre conviene tener dos elementos por seguridad: una palabra de emergencia (una que no tenga nada que ver con el sexo y que indique que hasta ahí nomás llegó el juego) y unas buenas tijeras, con el objetivo de desatar rápidamente al galán en caso de emergencia de cualquier tipo.

El hecho de que las mujeres manden por completo en una relación sexual es transgresor, por desgracia. Quizás deberíamos estar hablando de cosas más extremas y no de que los hombres, por una vez en su vida, guarden silencio y hagan lo que se les dice. Sin embargo, casi puedo apostar que todavía no has tachado este punto de tu lista de cosas por hacer. 

* Periodista especializada en salud sexual.

@RocioSanchez

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