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Miércoles 13 de Noviembre 2019
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Nadie experimenta en cabeza ajena

Nicolás Maduro. Foto: Especial

Nicolás Maduro. Foto: Especial

31 de Mayo 2018

Hoy por hoy ya son dos los países latinoamericanos que están metidos en crisis políticas, económicas y sociales de tal magnitud, se trata desde luego de Venezuela y Nicaragua

Hoy por hoy ya son dos los países latinoamericanos que están metidos en crisis políticas, económicas y sociales de tal magnitud que no sería exagerado decir que sus calles literalmente arden. Se trata desde luego de Venezuela y Nicaragua. En ambos casos los gobernantes que han conducido a estas naciones al precipicio llegaron al poder por la vía democrática.

Daniel Ortega ganó las elecciones en Nicaragua en 2006 y Hugo Chávez lo hizo en Venezuela en 1998 para terminar heredándole el poder a Nicolás Maduro en 2013 tras fallecer víctima de cáncer.

Tanto Nicaragua como Venezuela venían de vivir una seguidilla de gobiernos corruptos e ineficaces, absolutamente incapaces de resolver los problemas que aquejaban a sus respectivas poblaciones y, sin embargo, es muy probable que hoy tanto venezolanos como nicaragüenses accedieran si tuvieran la oportunidad a viajar en el tiempo para volver a la realidad política, económica y social que precedió el ascenso tanto de Maduro como de Ortega.

Llama la atención que al menos en otros dos países latinoamericanos, a saber, México y Colombia, personajes con posturas y discursos similares a los que adoptaron en su momento tanto Chávez como Ortega tengan serias posibilidades de acceder al poder. En lo que es un ejemplo más de la pertinencia del dicho que reza nadie experimenta en cabeza ajena, el discurso populista no sólo goza de cabal salud en la región sino que podría convertirse muy pronto en gobierno en dos capitales importantísimas del universo latinoamericano.

A pesar de los innegables indicios de que los candidatos de izquierda tanto de Colombia como de México tienen algún nivel de simpatía con respecto a los regímenes hoy colapsados de Nicaragua y Venezuela, aunque sea solamente en lo relativo a la identificación de un antagonismo insuperable entre élite corrupta y pueblo bueno, los electorados tanto colombiano como mexicano parecen estar dispuestos a depositar en ellos su confianza. Dicen que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen.

¿Será?

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