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Jueves 25 de Febrero 2021
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Promesas incumplidas

Venta de gasolina magna y premium. Foto: Cuartoscuro

Venta de gasolina magna y premium. Foto: Cuartoscuro

01 de Agosto 2016

Los beneficios particulares se habrán logrado y los perjuicios colectivos pronto quedarán olvidados

Maquiavelo afirmaba que El Príncipe, prudente cuando ve que la fidelidad en sus promesas se convierte en perjuicio suyo y que las ocasiones que le determinaron a hacerlas no existen ya, no puede y aún, no debe guardarlas, a no ser que él consienta en perderse.

En contraparte, Nietzsche afirmaba que una promesa es la memoria de la voluntad que separa al hombre del animal y que ésta engendra necesariamente una obligación. Lo anterior, a propósito de las promesas que el Gobierno Federal ha realizado respecto de los logros y beneficios obtenidos en la implementación de determinadas políticas de gobierno y en las reformas legislativas.

Es común observar cómo la clase política recurre frecuentemente a las promesas.

Particularmente en época de campañas electorales y a fin de obtener consenso en la ejecución de sus políticas públicas en el momento de gobernar. Dicha práctica obedece a un entramado de complicidades institucionales y a un desdén por los gobernados. Se convierte así a la política en una herramienta instrumental que sirve como máquina electoral para obtener el voto ciudadano y como estrategia dentro de la clase política para obtener los votos necesarios en busca de concretar reformas legislativas. Lo demás es lo de menos.

Siguiendo a Maquiavelo, los objetivos pretendidos están logrados y, en consecuencia, El Príncipe tiene los incentivos para olvidar el compromiso asumido en el pasado. A sabiendas de que no habrá consecuencias: siempre existirá el número necesario de votantes que se dejen engañar y sigan votando igual. Es un ritual conocido y asumido por todos.

Por ello, qué importa que se haya prometido no incrementar el costo de energía, de gasolina o de bajar los índices de criminalidad o de corrupción, los beneficios particulares se habrán logrado y los perjuicios colectivos pronto quedarán olvidados.

¡Inercia deleznable!

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