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Javier Corral, gobernador de Chihuahua. Foto: Cuartoscuro

Javier Corral, gobernador de Chihuahua. Foto: Cuartoscuro

08 de Junio 2016

Javier Corral capitalizó los abusos que César Duarte le ha transmitido a su estado

Entre los recursos que se destinan a un proceso electoral están los que corresponden a los gastos de las campañas. Y en ese sentido, las recientes campañas tuvieron rasgos de modernidad, ya que se desarrollaron en mayor medida en el mundo virtual con el uso de las redes sociales.

Aunque de todo el dinero que se mal gastó, el que resulta ser más claro es el de las encuestas. Porque más de 60% de las encuestas israelitas –sondeos a pie de urna– realizadas el domingo, fallaron y ofrecieron datos equivocados.

Pero ahora lo importante es rescatar y saber que en el norte del país, en Chihuahua, y en el sur, en Quintana Roo, es posible que los abusos, la impunidad y la confusión entre lo público y lo privado, finalmente paguen las consecuencias.

En ese sentido, el gobernador de Chihuahua, César Duarte –el hombre que al tiempo de dirigir un estado y lograr que Ciudad Juárez dejara de ser la ciudad más peligrosa del mundo; hacía su guardadito y su propio banco– se ha encontrado con la sorpresa de la victoria del panista Javier Corral, quién no sólo le disputó la presidencia del PAN a Ricardo Anaya, sino que ahora encarna al antisistema dentro de su partido.

Y es que Corral capitalizó los abusos que Duarte le ha transmitido a su estado. Y así las diferencias entre los datos de las encuestas y los líderes que fueron elegidos, se convirtieron en un ejemplo más de la falta de peso de los partidos ante la relevancia del enojo colectivo provocado por el abuso social.

En el caso Quintana Roo, se ha dejado de manifiesto el uso y el abuso de las fidelidades sin límite de la familia priista en función de los caprichos de los gobernadores del momento. Ya que el hecho de que cada gobernador elija a su sucesor no ha significado en ese estado una mejora ni en la administración, ni en la lealtad comprada que sólo funcionó por un tiempo.

Quintana Roo tiene una víctima y es el conjunto de los militantes del partido en el gobierno, puesto que las imposiciones del gobernador Roberto Borge en las campañas no pudieron frenar el paso de Carlos Joaquín González.

Un hombre cuya candidatura en el PRI fue impedida y terminó no sólo por ganar la elección abanderando la alianza
PAN-PRD, sino por encausar todo el voto de castigo que los errores de los últimos doce años han producido en ese estado.

Aún no sé cuánto tiempo tardará en trascender a nivel federal el ejemplo de los Broncos, los Corrales o los Carlosjoaquines, pero es evidente que el nuevo tiempo político que comienza implica un ajuste de cuentas que, en la mayoría de los casos, ha requerido de muchos años para que realmente algo suceda.

Twitter @antonio_navalon

GG

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