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Viernes 26 de Abril 2019

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Tecnología: Más que una moda, debe ayudar

STAFF CAPITAL Foto Capital Media
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09 de Diciembre 2018
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Agathe es una estudiante de preparatoria en California que hace tres años se lesionó una rodilla, por lo que asistía a terapias en las que debía realizar diferentes ejercicios. Entonces se le ocurrió desarrollar un dispositivo para saber si hacía correctamente los movimientos que le indicaban.

“Es muy difícil saber si estás haciendo correctamente los movimientos de la fisioterapia, por eso desarrollamos (ella y su equipo formado por compañeros de su escuela) Intellibrace, que es una banda inteligente que se coloca en el tobillo y proporciona información al paciente mientras realiza sus ejercicios de terapia física”, explica la joven estadounidense que forma parte del programa Design Tech High School, auspiciado por la empresa de tecnología Oracle.

Así, con un par de acelerómetros (dispositivos que miden la vibración o la aceleración del movimiento), el Intellibrace registra la posición del tobillo del paciente e informa, a través de luces y sonidos, si está realizando su ejercicio de manera correcta.

Durante una demostración en el marco del congreso Oracle Open World, que se desarrolló en San Francisco, Agathe se coloca el dispositivo en su pie para demostrar la manera en la que los sensores musculares miden la actividad eléctrica producida por sus movimientos, y mientras hace los movimientos, continúa su exposición: “Así, las luces y el sonido me informan si estoy haciendo las cantidades adecuadas de ejercicio, y si los movimientos que hago son los correctos”.

Este es un ejemplo de la aplicación de la llamada “tecnología de asistencia” o “tecnología asistiva”, que es el nombre con el que se conoce a las herramientas utilizadas con el fin de permitir a las personas con discapacidad que participen en las mismas actividades de sus pares sin discapacidad.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) la define como “los dispositivos y las tecnologías de apoyo como sillas de ruedas, prótesis, ayudas para la movilidad, audífonos, dispositivos de ayuda visual y equipos y programas informáticos especializados que aumentan la movilidad, la audición, la visión y las capacidades de comunicación”.

Es un derecho

La función de estas “tecnologías de asistencia” es que las personas con discapacidad mejoren sus habilidades, con el fin de que estén mejor capacitadas para vivir de forma autónoma y participen en sus respectivas sociedades.

En los artículos 20 y 26 de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, en la resolución WHA58.23 de la Asamblea Mundial de la Salud y en las Normas Uniformes sobre la Igualdad de Oportunidades para las Personas con Discapacidad, se establece la importancia de estos dispositivos de apoyo y se indica que todos deben tener accesos a ellos.

Es por eso que la OMS pide a los gobiernos que estas tecnologías estén “a un costo asequible, y que proporcionen capacitación a las personas con discapacidad y a los profesionales y el personal que trabajan en los servicios de habilitación y rehabilitación”.

Asimismo, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo advierte que el acceso a las tecnologías es una de las medidas de nivelación más importantes si se desea superar las desventajas y exclusiones que alejan a las personas que viven con algún tipo de discapacidad de la toma de decisiones, el ejercicio de derechos y la superación de la pobreza.

Es por ello que este organismo llama a emprender acciones para mejorar la accesibilidad y usabilidad de las tecnologías que sirvan como herramientas que reduzcan los escenarios de dependencia y donde se incremente la autonomía con el objetivo de desempeñar roles y funciones de los que, de otra manera, se estaría excluido.

En México, sin embargo, como pasa casi siempre en estos casos, es la sociedad civil quien ha tomado la batuta para impulsar estos temas. Por ejemplo, a inicios de 2018, el Instituto de Investigación Aplicada y Tecnología de la Universidad Iberoamericana y la asociación civil Ampuvalia fabricaron y entregaron una prótesis al tenista paralímpico mexicano Ernesto Treilhard Pérez.

Esa prótesis endoesquelética con sócket de polietileno y refuerzo de fibra de carbono se costeó con parte de los fondos obtenidos en una carrera atlética, los cuales fueron donados a Ampuvalia, que fue fundada por Estefanía Cervantes Cisneros, una egresada de esa casa de estudios.

Otro esfuerzo interesante es el realizado por estudiantes del Tecnológico de Monterrey, el cual es denominado proyecto ALICE (Autism Learning Instructor for Caring and Education) en el que participan académicos y estudiantes de diversas carreras con el propósito de apoyar el aprendizaje de niños con múltiples discapacidades –como el espectro autista– de sectores vulnerables de Chiapas y el Estado de México.

Así, alumnos de Administración Financiera, Estrategia de Negocios, Psicología Organizacional, Mecatrónica y Biotecnología han desarrollado alrededor de ocho aparatos para apoyar también a niños con parálisis cerebral o discapacidad mental.

Pero en México, el campo para avanzar en esta materia es todavía muy grande y los esfuerzos son insuficientes, con todo y que cada año surgen proyectos en universidades que generan desarrollos como bastones con tecnología con el objetivo de ayudar a invidentes o sillas de ruedas con nuevas funciones.

Coches autónomos y más

En gran medida, esto sucede porque en México hay poco desarrollo tecnológico que pueda aprovecharse con el propósito de mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad.

Un ejemplo en donde sí han hecho bien ese trabajo desde hace muchos años es Israel, de donde es la empresa OrCam, la cual desarrolla soluciones de inteligencia artificial para los sistemas anticolisión de coches autónomos.

Tras la venta de esa empresa a Intel por una cantidad millonaria, nació otra llamada Movil Eye, la cual tomó ese conocimiento con el fin de aplicarlo en el desarrollo tecnológico encaminado a ayudar a personas con alguna discapacidad visual.

Así nació el Orcam MyEe 2.0, unos lentes que, al convertir el texto en voz, ayuda a que las personas con problemas de visión puedan leer libros, identificar billetes, leer señales en la calle y hasta reconocer rostros.

Nikol Wolpert, representante de OrCam en México, explica que este wearablepuede ajustarse a casi todo tipo de anteojos; pesa 22.5 gramos, y tiene cámara, lámpara, bocina y micrófono.

“Es capaz de reconocer hasta 150 rostros de personas, y 150 productos a través de código de barras; además, funciona sin estar conectado a Internet o vinculado a otro dispositivo, como un smartphone”, indica.

Para que funcione, hay que poner el texto, el billete o el objeto frente a los lentes, además de que almacena información del usuario, como la forma y velocidad en la que lee los rostros de las personas con las que interactúa constantemente.

El precio varía según sus características, pero todavía no es un dispositivo accesible para cualquier persona.

En unos años, este tipo de dispositivos tendrían que ser un poco más alcanzables, aunque la demanda en realidad es baja. Por ello, unos lentes como los Orcam MyEe 2.0 podrían ser también utilizados con personas sin discapacidad que solamente deseen leer de manera más sencilla. ¿Por qué no pensar así con todo lo demás?

Así que emprendedores, investigadores y desarrolladores, además de las grandes empresas, tienen muchas áreas de oportunidad en los próximos años en este campo de la tecnología de asistencia; por su parte, el gobierno tiene la obligación de legislar al respecto y llevarla a campos de la salud y la educación. Es tiempo de empezar.

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