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Miércoles 21 de Octubre 2020
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Tiempos peligrosos

El informe Gobierno Espía, revela que en 18 meses se documentaron 76 intentos de vigilancia mediante el virus. Foto: Cuartoscuro

El informe Gobierno Espía, revela que en 18 meses se documentaron 76 intentos de vigilancia mediante el virus. Foto: Cuartoscuro

28 de Junio 2017

El Presidente termina en el centro de todas las polémicas

He dejado pasar unos cuantos días antes de retomar el tema del presunto espionaje del Gobierno de México, sobre todo desde el punto de vista de la declaración tan sorprendente que hizo hace unos días el Presidente de la República en Jalisco.

Nunca he entendido muy bien cuál es el mecanismo de los asesores ni del castillo de cristal en el que viven envueltos los presidentes.

Siempre he sabido que la Presidencia es sinónimo de soledad, los presidentes están solos y en la cima. Pero arriba hace frío y es muy difícil aguantar soledad y frialdad al mismo tiempo. El único calor es el mundo que todas las mañanas les confeccionan a su gusto para que todos los que les rodean terminen haciendo algo que puedan soportar.

Sin embargo, las crisis son inevitables y en nuestro país, por una parte, todo le toca al Presidente y cuando no es así él simplemente se pone.

Ahora la Presidencia está perdiendo cada día más no sólo el protagonismo que tiene –dado que esa figura en México es mucho más que una institución política–, sino porque ya sea por errores propios o porque los colaboradores no manejan adecuadamente las crisis, el Presidente termina en el centro de todas las polémicas pagándolo todo.

Cuando se analicen estos días podremos examinar que la política de las grandes reformas y las consecuencias del Pacto por México fueron hechas sobre la base de que el Presidente renunciaba a ser popular.

Aunque nunca entendí eso, no sé quién se lo explicó y no entiendo muy bien el precio que se pagó porque precisamente por la dimensión de las reformas era el momento en el que más se necesitaba tener liderazgos fuertes.

Mientras tanto hablemos del tema del espionaje. Y es que, naturalmente no elegimos a un presidente para que nos espíe, pero en ese pacto no escrito, en ese entendimiento que tenemos los mexicanos en el que somos tan comprensivos con temas como la corrupción y el abuso, también lo somos frente a los excesos que pueda cometer al que le hemos dado el poder supremo.

Por eso de todo lo que ha pasado lo más grave –olvídese de las amenazas a la sociedad civil o de la intención última mal expresada que tuvo el señor Presidente en su discurso– es el reconocimiento impreso y expreso de que él no puede reconocer que también se siente espiado.

Porque todo el sistema mexicano está basado en que estará mal que él espíe pero está dentro del paquete, sin embargo, es inadmisible que a él lo puedan espiar. Si eso pasa es que los problemas del Estado son mucho más grandes de lo que suponemos y eso imagínese como estará si ya lidiamos con tal dimensión de problemas con los que vivimos todos los días.

 

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