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21 de Noviembre 2017
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Lowry defiende su novela porque se encuentra lo necesario

Carlos Rojas Martínez/CULTOS Y MOCHOS

A propósito del pleito ranchero que tengo con los editores-correctores sobre la escritura de algunas palabras, recordé un libro que leí en 2015 y hace poco releí, a saber, El volcán, el mezcal y los comisarios, escrito por Malcolm Lowry y traducido al español por Sergio Pitol, con prólogo de Juan García Ponce, Dirección General Editorial de la Universidad Veracruzana, 2008.

El libro de Lowry está divido en dos partes, que en realidad son un par de cartas; la primera de éstas va dirigida a Jonathan Cape, editor inglés de Bajo el volcán. La epístola, a su vez, contiene 10 apartados con números romanos, en cada uno de ellos el autor le explica a Cape por qué le es imposible realizar los cambios que éste le sugiere.

Con una amabilidad no exenta de ironía, Lowry desmenuza los comentarios del editor, poco a poco, con la maestría del artesano, son eliminados aquellos supuestos argumentos mercadotécnicos propuestos por Cape:

“Al emplear la palabra lector en el sentido más amplio quisiera comentar que si El volcán parece tedioso al principio o no, dependerá del estado de ánimo del lector y de su preparación para comprender la forma del libro y la verdadera intención del autor.”

Esto lo han olvidado muchos escritores, que consideran la condescendencia como un parámetro a seguir; tampoco se trata de crear laberintos mentales donde el lector pierda la cabeza y la paciencia (¿o sí?), el término medio, o tres cuartos, cada quién sabrá, yo prefiero el razonamiento abductivo y la ufología.

Lowry defiende su novela porque en ella se encuentra sólo lo necesario, nada sobra, nada falta: “Pues el libro ha sido diseñado, contradiseñado y soldado de tal modo que puede leerse un indefinido número de veces, sin agotar todos sus sentidos, su drama o su poesía”.

La segunda carta está firmada el 15 de junio de 1946, Lowry la envió, desde Canadá, al abogado Ronald Paulton. Esta misiva da cuenta del calvario al que fue sometido Lowry por las autoridades mexicanas, quienes, sin leer el libro, anatemizaron a Bajo el volcán por supuestas injurias contra el espíritu nacional.

Nada más falso que esto.

Largas esperas, funcionarios incompetentes, sobornos, robos, maltrato, incomunicación, persecuciones, en fin, México le mostró a Lowry uno de los rostros más perversos que tiene, uno que nosotros conocemos muy bien.

Un texto interesante, El volcán, el mezcal y los comisarios sacará lágrimas y risas, también uno que otro desencanto, ¿qué buen libro no provoca esto? Menciono mis discrepancias con los editores al principio de este texto porque yo también le he expuesto razones de valor a los editores para que respeten la grafía de mis escritos, pero, al igual que Lowry, soy víctima del escarnio de los demás y sólo me queda la palabra para tratar de resarcir el daño que me ha provocado la iniciativa de los otros (nicolaíta no lleva acento). ¡Salud, Malcolm!

@CalicheCaroma

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