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Una pregunta…

Encuesta. Foto: Especial

Encuesta. Foto: Especial

19 de Abril 2018

En medio de este tiradero nacional, ¿de veras habrá quien tome en serio las encuestas?

En medio de este tiradero nacional, ¿de veras habrá quien tome en serio las encuestas? Es increíble la más reciente, en la que tras una consulta entre mil 500 universitarios se anuncia que el abanderado panista, el que luce los sagrados colores marianos a la vez que los amarillos y para no olvidar, el naranjita jarocho, llegó a 48 por ciento en la intención del voto.

Se abusa de la ausente buena fe de los ciudadanos, por hoy repartidos matemáticamente entre los tres principales contendientes, aunque haya quien se empeñe en meter sin calzador a la señora Calderón, también conocida como Margarita ZavalABC.

El desorden de estos ejercicios comerciales en los que priva el criterio de cuánto pagas para obtener un sitio destacado en la consulta, y no es que el trabajo no se haga, pero depende de a quiénes se encueste para obtener el resultado conveniente.

Nadie, en un ejercicio de honestidad, se atrevería a preguntar a los nenes jesuitas del ITESO jalisciense esperando que, por ejemplo, ganara don Peje o el advenedizo tricolor. Claro, sube también Margarita de notoria simpatía por sotanas y hábitos.

Y lo mismo habría que pensar de la encuesta entre regiomontanos que tienen un repudio institucional por los priistas desde que murió su ícono empresarial, Eugenio Garza Sada; por la izquierda, por igual motivo además de sus tendencias sindicalistas y esas zarandajas.

Pero los panistas con tinte empresarial siempre fueron bienvenidos, acogidos y admirados. Algo de lo que podríamos hablar con Tatiana y lo bien que veían a su padre. Aunque hoy la hija sea izquierdosa.

En todo caso debe admitirse que una consulta en medios universitarios nunca, o casi nunca, es reflejo de lo que piensan los ciudadanos. Por cuestiones que deberíamos ocupar y preocupar, hay una clarísima brecha entre los alumnos de estudios superiores y el resto de las clases sociales.

Lo explica el ansia, la desesperación por obtener un título que te dé calidad de persona, que te permita suponer que existes y eres alguien. Familiarmente se presume, se ostentan los títulos alcanzados por los vástagos, símbolo de una vida exitosa, realizada con plenitud, aunque el cabeza de familia deba atenerse a la miseria de una pensión de sobrevivencia.

No debemos entonces tomar en serio una consulta que sin tapujos se admite haber hecho en un microuniverso y con una clase social determinada. Que no por su calidad universitaria los califica para saber sobre nuestro trompicado e inestable mundillo político… farandulero, pues.

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