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El PT satélite (II y última)

 

El mismo presidente, que ha sido muy afortunado heredando primero al PRD, y dividiéndolo luego para conseguir el control hegemónico del Congreso, al convertir su facción en una nueva agrupación electoral, no ha visto nunca al PT como un instituto necesario”.


Dobleces |

Por: Israel Mendoza Pérez

@imendozape

La distorsión del Partido del Trabajo provocada por la dirigencia acaudillada de Alberto Anaya, tiene dos momentos. Primero seguir y hacerle comparsa al Partido de la Revolución Democrática (PRD) y la segunda mutar en un partido satélite a la figura del presidente Andrés Manuel López Obrador.

En el análisis y diagnóstico hecho por Enrique Téllez PachecoDavid Cilia Olmos Mario Rechy Montiel, en su calidad de simpatizantes del partido e integrantes de Sobrevivientes de la Guerra Sucia, detectan más debilidades del partido a raíz de las inflexiones a la ideología del PT derivadas de la dependencia política de personalidades y no de un plan de acción propio.

“El PT se convirtió en el adherente de Andrés Manuel para las siguientes tres elecciones, apostando a que su intervención solidaria le garantizara el registro. Pero ni eso fue posible, pues en la elección intermedia de 2015 volvió a obtener menos de lo requerido, y tuvo que apelar a la solidaridad de otras fuerzas políticas, que juzgaron inconveniente la desaparición del PT y le apoyaron para que sumaran votos y refrendara su registro. En 2018, que bajo una propuesta formalmente de izquierda, la coalición Juntos haremos historia consiguió treinta millones de votos, el PT apenas obtuvo cerca de tres millones”, señala el análisis.

Para los autores del análisis, “es claro, que, en estos veinte años de marchar paralelamente, al PRD primero y a Morena después, el partido mayoritario no ha sido un aliado fiel ni generoso. El mismo presidente, que ha sido muy afortunado heredando primero al PRD, y dividiéndolo luego para conseguir el control hegemónico del Congreso, al convertir su facción en una nueva agrupación electoral, no ha visto nunca al PT como un instituto necesario”.

El texto dirigido a Alberto Anaya puntualiza: “El partido no ha puesto suficiente atención a la necesidad de fortalecer la formación teórica de sus miembros, para proyectar en su acción cotidiana una reflexión estratégica. Se siguen manejando viejos y generales referentes sobre la lucha de clases, y elementos diversos de la ideología maoísta de participación popular, o lucha de masas, sin tener una posición sobre los temas fundamentales de la agenda económica, la política gubernamental, o los problemas de la globalidad y los escenarios próximos de la economía occidental.

“Y las intervenciones que usted tiene en las reuniones de la dirección, o en los foros que se han mantenido en todos estos años, sólo han representado un hilo de continuidad, en donde encontramos las mismas ideas que mantuvieron las personas de la izquierda convencional durante medio siglo, sin innovar planteamiento alguno. Tengo muy presente su reiterada afirmación de que cuando más podemos aspirar a que se recupere el escenario que tuvimos en días del nacionalismo revolucionario.

“No es el motivo de esta carta/documento cuestionar sus posiciones, ni mostrar o exhibir su carácter anquilosado o falto de actualidad, pero sí mencionar que la realidad ha rebasado los planteamientos sobre la vuelta al nacionalismo revolucionario, y el papel que tuvo el Estado durante el milagro económico o el periodo del desarrollo compartido. Y hoy, necesitamos respuestas ante la globalización, el papel de la inversión o el capital extranjero, las nuevas tareas de la banca central, las alianzas estratégicas a nivel internacional, el modelo de desarrollo que permita reducir efectivamente el calentamiento global, y el diseño tecnológico y financiero del nuevo desarrollo rural”.