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Las consecuencias

Las consecuencias

El Pico del Pollo |

Por: Alfredo Albíter Sánchez

Constantemente lo he dicho, no en forma peyorativa, sino de reconocimiento a una cultura que en algunas ocasiones nos lleva a extralimitarnos y, como decía el papá de los pollitos, a rascarle las rayas al tigre.

Así es, me refiero a que somos un pueblo “pachanguero”, uno al que la muerte le pela los dientes, uno al que la huesuda mejor le da la vuelta. Quizás por ello la pachanga está antes que otra cosa, pues mantenernos más de 6 meses en nuestra casa nos ha provocado una especie de “claustrofobia” que sólo se quita en el “desmadre” y si es con cuates, pues mucho mejor…

Ojo que no estoy justificando a quienes han decidido armar tremendos “pachangones” o “reventones de antología”, y menos pensando en que algunos de esos o esas “enfiestadas” pueden estar a menos de tres metros de uno, pensando en que es sólo una gripita que se quita en un dos por tres.

Mira, aunque está mal, pero está bien, si decidiste “jugarle al canelas” y arriesgar tu vida, pues es muy tu bronca, pero no entiendo por qué involucrar a quienes no desean arriesgarse. Ya seguimos mañana con este tema.

La rabadilla del Pollo

Pollos en el tejado me dicen que en dependencias de todos niveles persiste la vieja práctica de apartar el estacionamiento para los jefes, aun cuando con ello afecten circulación en avenidas y calles de los principales municipios del Valle de Toluca y México…

Elementos de Seguridad -puede ser privada o no- son encargados de poner cubetas, conos y cualquier artefacto que sirva como señalamiento para quien pretenda estacionarse. Si ves una “cubetona” ya sabes que al momento de moverla saldrá más pronto que rápido un uniformado que, sin los mínimos modales, te dirá que le llegues a otro lado, porque ese está apartado para los jefes y pues ni modo, búscale más adelante…

Por desgracia este ejemplo ya fue copiado y hasta mejorado por los “viene viene”, que han hecho de esta actividad una fuente bastante rentable económicamente.

En mercados, inmediaciones de escuelas –cuando están activas-, centros comerciales y otros espacios apartan los lugares y los ceden a quienes están dispuestos a entrarle por una tarifa mínima de 10 pesos. Además del lavado, el pulido de faros y cuidar la “unidá” para que no la vayan a chocar o intenten robar accesorios, que si esto último sucede, pues tampoco habrán de responder por ello, porque “con qué ojos, divina tuerta”…

Así una persona, como cualquiera otra que debe desplazarse a los puntos ya referidos, por lo menos debe contar con cien pesos para estacionarse y demás…

Y podrás decir ¿cuál es la diferencia con los estacionamientos?, pues la verdad muy poca, tampoco en los aparcamientos privados o concesionados, como se les quiera llamar, se hacen responsables de daños, robos totales o parciales, por manifestantes y un largo etcétera. Te cobran más e igual no responden por nada. Chiale, qué cosas…Por hoy, cierro pico. Shalom. Mi correo es: alfredo.albiter@capitalmedia.mx

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