Miércoles 21 de Agosto 2019
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Racismo y clasismo, lo que nos divide

amlo

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03 de Julio 2019

Eso de que tienen ellos otros datos, es una babosada. 

Los indicadores económicos como el Producto Interno Bruto, la Inflación, las tasas de interés, el Índice de Precios y Cotizaciones de la Bolsa Mexicana de Valores, la Tasa de Desempleo, la Balaza de Pagos, el Riesgo País y el EMBI (Emerging Markets Bonds Index) son una serie de datos estadísticos que permiten evaluar y predecir las tendencias económicas de nuestro país.

 

Estos números no son inventados, sino que son señales resultantes del comportamiento de las principales variables económicas, financieras y monetarias que a través de un análisis comparativo se observa entre un periodo de tiempo determinado y otro.

 

Tendrá que ser pues, mucho más serio y cuidadoso, el Presidente de la República, cuando hable de los indicadores económicos, porque las contradicciones espantan a los inversionistas y empleadores.  Eso sí, su constante optimismo, ha enviado una señal de estabilidad a los mercados.

 

Pero más allá de contradicciones y optimismos, desde hace más de 20 años, el hoy titular del Ejecutivo, confronta y polariza. El entonces aspirante presidencial, con lenguaje sencillo, fue enumerando los grandes problemas nacionales, y por eso, fraguó un gran movimiento social. No hay que olvidar que es el único político mexicano que ha recorrido varias veces ejido por ejido, pueblo por pueblo, municipio por municipio, y estado por estado. Hoy, desde Palacio Nacional, el discurso es el mismo.

 

Y quienes están con él, están felices porque 75 promesas de 100 ya fueron cumplidas. Promesas simbólicas, como por ejemplo bajarse el sueldo, no usar la flotilla presidencial, no vivir en los Pinos, decirle adiós al Estado Mayor, enviar al Congreso para su análisis la revocación de mandato, porque “el pueblo pone y también quita.”

 

Aseguran que hace un año inició el verdadero cambio de régimen, y se dio el banderazo para gestar un cambio moderno, como lo fue la Independencia, la Reforma y la Revolución. Algunos hasta las lágrimas, con emoción, festejan que Andrés logró lo que se antojaba imposible.

 

Y quienes no están con él, están que se los lleva la fregada; si pitorrean de la 4T; planean “irse a vivir al gabacho”, les sale urticaria cuando lo ven en la televisión, casi vomitan cuando lo escuchan en su auto en “la mañanera”, le dan “like” y “retuitéan” todo lo que se dice de AMLO (sea cierto o no), en las discusiones lo apodan naco, gato e indio; como sus hijos no salen en las revistas, les inventan mansiones en Las Lomas, la Toscana y las Islas Baleares; también les fabrican viajes por todo el globo terráqueo. A la esposa la comparan con la Gaviota, y empiezan los epítetos, de sirvienta no la bajan. Y al menor de los hijos, “el Chocoflán” porque no viste ropa de marca.

 

Por todo lo anterior, no veo una confrontación política ni una discusión económica sería, veo un desacuerdo racista y clasista.

 

Unos festejan porque llegó uno de tez morena, viste y vive sencillo, come como las mayorías, calza barato, utiliza lenguaje común, visita lugares polvorientos, saluda y abraza a la raza; mientras otros se rasgan las vestiduras, porque no pueden tolerar que “un equis” los represente, desconoce los idiomas, no viaja al extranjero, no juega golf, no es cliente de las revistas del corazón, y hace política en las plazas públicas en lugar de los foros internacionales.

 

Así nos iremos, con esta discusión, no unos años, ni únicamente un sexenio (que nadie muera de un infarto por la aseveración, no estoy hablando de que se reelegirá AMLO) sino por mucho tiempo, porque lo que nos divide en realidad no es la política, las ideologías o los modelos económicos; lo que nos distancia es el racismo y el clasismo.

 

 

 

*Periodista, editor y radiodifusor

@GustavoRenteria

www.GustavoRenteria.mx

 

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