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04 de Marzo 2020


Para atender y tratar de resolver un problema, primero tenemos que identificarlo. Una sociedad no puede avanzar sin el necesario reconocimiento de los retos claros, concretos y precisos. Es el caso de la violencia contra las mujeres en México.

Y no solo hablo del reconocimiento que debe hacer el Gobierno como generador de políticas públicas -el que por cierto, se ha visto pasmado y lento de respuestas efectivas ante la emergencia social en este asunto-, sino también el de las empresas y hasta el que debe haber en nuestras propias casas.

Y es que, pese a los grandes esfuerzos de organizaciones y grupos sociales en todo el País, seguimos viviendo casos desgarradores retratados en los medios diariamente; y reitero, todos los días nos encontramos, por ejemplo, noticias de niñas menores abusadas, maltratadas o asesinadas en el seno de sus hogares o en sus círculos más cercanos, que deberían ser justamente, los de mayor atención y cuidado, o testimonios de mujeres que tuvieron que sufrir agresiones violentas “evidentes” para que autoridades hicieran caso a sus denuncias.

Vale la pena revisar los datos expuestos en estos días en múltiples espacios que nos enfrentan a una realidad muy dura: la de una niña asesinada cada día o la de 10 mujeres asesinadas al día durante el 2020. En la educación debe destacarse la menor participación femenina en los niveles medio superior y superior. Y tampoco cambia mucho el panorama si revisamos la participación de mujeres en los niveles directivos o en los Consejos de Administración de empresas mexicanas.

En el día a día, esto se traduce en que las mujeres en zonas rurales y urbanas marginadas tienden a mantener y arrastrar una pobreza de la que parece imposible salir, o que en las empresas están “catalogadas” para ciertos puestos y no logran ascender. No es un tema de habilidades y capacidades personales, no es un asunto de “empeñarse en salir adelante” o de casos individuales; en la realidad se trata de una sociedad que sigue siendo machista y desigual en su seno más profundo.

Ante tal panorama, las mujeres en todo el País hoy no requieren “igualdad”. Lo que se necesita justamente es una “desigualdad” marcada, consciente y sistemática que les dé prioridad, que nos ayude a romper con las barreras impuestas en todos los ámbitos sociales, culturales y económicos. Que se les escuche y atienda cuando denuncian; que se contraten, que se capaciten y que se den más becas a mujeres; que haya más directoras generales, más consejeras, más presidentas municipales, más en todo. Y como sociedad tenemos que seguir forzando ese cambio hasta que un día se normalice, y entonces, solo hasta entonces, procurar la equidad.

Con el movimiento #UnDíaSinNosotras seremos testigos de un evento que debe marcarnos para avanzar. Hay que estimular y procurar por TODOS los medios el desarrollo integral de TODAS las mujeres, porque solo así México puede aspirar a ser un País realmente democrático.

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* Maestro en Historia del Pensamiento.

Socio Director de FWD Consultores.

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