Lunes 15 de Julio 2019
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Ana Bertha Espín venció prejuicios y al machismo para ser actriz

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07 de Julio 2019


 

Por Verónica Pérez Raigosa

México, 7 Jul (Notimex)- Con 39 años de carrera histriónica, Ana Bertha Espín no se arrepiente de haber tomado la decisión de ser actriz y vencer el estigma de su juventud que señalaba a las bonitas como unas tontas.

En entrevista con Notimex, en uno de los foros de una televisora ubicada en el sur de la Ciudad de México, Ana Bertha se muestra orgullosa de lo que ha logrado en su carrera, que inició en teatro en 1980, con la obra No es cordero es cordera.

“Yo enfrenté muchos prejuicios y señalamientos en contra de aquellas mujeres que aspirábamos a convertirnos en actrices, peor si se trataba de la televisión”.

Al paso de los años, hoy goza del reconocimiento del gremio y del público, por lo que siente orgullosa y satisfecha de lo que ha hecho en casi cuatro décadas de trabajo como actriz dramática y de comedia en teatro, televisión y cine.

“Los tiempos han cambiado en esto de contar historias y qué decir, hoy en día, ser actriz, ya no es sinónimo de agravio, como lo era en mi época”, añadió Ana Bertha.

Pero la actriz también recuerda que ser una mujer preparada, como egresada de la carrera de Literatura Dramática y Teatro, en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), le abrió puertas, aunque el físico se volvió algo en su contra, pues se pensaba “que las bonitas eran tontas”.

“No sé si era tan bonita, yo nunca me creí eso y me dediqué a ser una buena actriz, porque esa fue mi principal carta de presentación”, apuntó con un dejo de orgullo.

Ana Bertha señala también que al inicio de su carrera, percibía un machismo muy marcado en cuanto a sueldos, créditos y oportunidades para las mujeres.

“En mis tiempos había un marcado ambiente de machismo, aunque mi generación ya comenzaba a revelarse, pero la verdad no ha desaparecido, sigue vigente y hay que luchar como mujeres que somos y por el respeto al género y a nuestro trabajo”, indicó.

La actriz, que igualmente se preparó en la Academia Andrés Soler, agregó que afortunadamente, hoy en día las cosas empiezan a cambiar y las mujeres cada vez ganan más espacios, lo cual celebra.

“A las mujeres nos deben mucho, porque fueron años de sometimiento, que te hicieran a un lado y que no te dejaran realizarte y ahora estamos viviendo un gran momento”, apuntó, aunque ella, asegura, nunca se sintió víctima.

Reconoció que su llegada a la televisión fue tardía, debido a los prejuicios que había de este medio de comunicación y no solo por ella sino también por sus compañeros de carrera y su misma familia, que apenas le había permitido iniciar en los foros universitarios con textos clásicos.

“Cuando entré a la televisión me decían: “¡Cómo!.. ¿te vas a la tele a prostituirte?”, y la verdad, fue un paso valiente el que di al entrar a la televisión, y del que no me arrepiento”.

Cuenta la actriz que estaba en un dilema, pues el paso del teatro universitario, a la pantalla chica le hacía sentir que traicionaba sus principios, aunque le atraía llegar a mayores audiencias.

Su afán por aprender, por crecer, por llevar su trabajo a más público, fue lo que la hizo decidirse a romper con las reglas y aventurarse a asumir retos con perseverancia en esa televisión que estaba cobrando mucho auge.

“Cuando llegué a la televisión, debo de reconocer que tenía muchos prejuicios, pero me liberé poco a poco de ellos y descubrí que como en todo en la vida, la preparación es el arma para superar cualquier obstáculo. Además, pensé que eso también me serviría para que me conociera más público”.

Programas como Canasta de cuentos mexicanos le abrieron la puerta de la televisión, hasta que llegó la oportunidad de incursionar en los melodramas, género en el que ya cuenta con 30 participaciones.

“Siempre he sido una mujer de una autoexigencia, sin importar si los planes son de televisión, cine o teatro, yo voy dispuesta a dejar el alma”, explicó, al aseverar que la televisión bien hecha, es maravillosa.

“Nunca debemos de subestimar lo que se hace en la pantalla chica, hoy en día se están haciendo cosas muy buenas”, dijo la actriz, quien actualmente participa en la nueva versión de La usurpadora, en formato de serie.

Aunque su trabajo siempre ha sido su pasión, la actriz logró combinarlo con su vida personal e hizo una familia unida y amorosa, a la que trasmitió su convicción de luchar por sus sueños, porque recuerda que a ella le fue muy difícil que su familia aceptara su vocación y la apoyara, hasta que les demostró su valía y la del medio.

“Me costó trabajo, pero me rebelé, porque yo quería ser actriz y mi padre (un prestigioso político morelense), estaba muy enojado y me dejó de hablar bastante tiempo, al igual que mis hermanos, decían que echaría a perder mi vida, pero no fue así y ahora están orgullosos de mi carrera”, comentó.

“Yo quería ser médico, porque era lo que menos me desagradaba e incluso, pensé en ser física matemática, pero al terminar la preparatoria me tocó hacer una obra y me gustó, quedé fascinada y fue ahí donde supe lo que deseaba hacer de mi vida”, explicó.

“Repito, no fue fácil, por los prejuicios que había sobre ser actriz, la carrera era mal vista, por ello no quise repetir mi historia con mi hijo, así que cuando dijo que quería ser futbolista, lo apoyé”, señaló.

Ana Berta recuerda con orgullo y admiración hasta dónde llegó su hijo Jaime Lozano Espín, en su carrera en el futbol, su perseverancia, determinación y gran disciplina, que paradójicamente aprendió desde muy pequeño, acompañándola a ensayar, viéndola trabajar en los teatros.

“Lo llevaba a los ensayos y ahí hacía su tarea, estudiaba y algunas veces hasta se quedaba dormido. La familia también hace sacrificios en este oficio, pero al final, la recompensa la tienes al doble, porque él aprendió mucho de que con disciplina y perseverancia se logra todo, y yo puedo sentirme afortunada de estar vigente, con personajes que me llenan y me exigen un constante reto”.

Aunque su único hijo no siguió sus pasos, le ilusiona el que alguna de sus nietas lo haga, aunque jamás las presionaría, porque no hay nada mejor que elijan libremente.

A pesar de que goza de una sólida carrera que la ha hecho muy feliz, reconoce que se quedó con ganas de hacer algunos personajes, que por su edad, ya no podría interpretar. “Estoy agradecida con la vida, porque hice lo que quise, de lo que no todos pueden decir lo mismo”.

Actriz dramática por excelencia, la comedia que hace en series como Vecinos, le ha dado profesionalmente una de sus mayores satisfacciones, pese a que no se veía en un proyecto así, aunque ya había hecho teatro de comedia, en los inicios de su carrera.

“Yo no quería hacer Vecinos, sentía que no encajaba, y se convirtió en el proyecto de mi vida”, indicó la actriz, quien en esta producción, interpreta a “Lorena”, esposa de “Frankie Rivers”, papel interpretado por César Bono.

“Ser actriz es un regalo de la vida, que me ha permitido hacer grandes amigos como Silvia Mariscal, Macaria y Helena Rojo, entre otras”, concluyó la primera actriz, Ana Bertha Espín.

-Fin de nota-

NTX/VPR/LMC