Lunes 15 de Julio 2019
| | |

DE LA FONTAINE SUPO PERPETUAR TRADICIÓN FABULADORA DE ESOPO

No disponible

No disponible

06 de Julio 2019


Un león salvado por un ratón, una liebre vencida por una tortuga o una cigarra que tiene que aprender de la previsión de una hormiga, son historias que siguen llamando la atención y educando a las nuevas generaciones, aunque fueron escritas hace por lo menos 350 años por el francés Jean de la Fontaine, quien publicó cientos de estas fábulas, recopiladas en 12 libros.

Nacido el 8 de julio de 1621, en Château-Thierry, Francia, De la Fontaine llegó a París con apenas 14 años de edad a estudiar el noviciado en una orden religiosa, que dejó al año y medio para dedicarse a estudiar Derecho y finalmente hacerse maestro particular.

Sin embargo, su interés se inclinó hacia la escritura y a finales de los años 50, ya divorciado de Marie Héricort, se dedicó a escribir desde poesía, cuentos y novela, hasta sus populares fábulas, que fueron las que le dieron la universalidad y lo colocaron como un estandarte del género, al que se sumaron el siglo siguiente los españoles Félix María Samaniego y Tomás de Iriarte.

La Fontaine se inició en las letras en 1654 cuando se dio a conocer con Eunuco, una adaptación de la comedia Terencio; que le valió el mecenazgo del ministro de Finanzas Nicolás Fourquet, a quien dedicaría los poemas Adonis, La Songe de Vaux y Elegía a las Ninfas de Vaux, ésta última al caer en gracia el funcionario.

Cuentan sus biógrafos que en esa época de dedicó a visitar los salones parisinos y a hacerse de contactos que más adelante le permitieron conseguir otros mecenazgos y seguir escribiendo, y fue en 1665 que publicó sus primeros cuentos y tres años después sus primeras fábulas.

De los primeros, se dice que, inspirados en autores como Bocaccio y Fedro, pronto fueron exitosos debido al escándalo que desataron por su estilo licencioso, y que incluso acabaron censurados; contrario a sus narraciones moralizantes que lo convirtieron en un creador de “deliciosas comedias y dramas en miniatura”, según consigna un artículo de “biografíasyvidas.com”.

Admirador de la tradición fabuladora iniciada por Esopo en la Grecia clásica, el autor revitaliza el género imprimiendo a sus narraciones, protagonizadas por toda clase de miembros del reino animal, un lenguaje poético, lleno de fluidez y naturalidad, sin perder su propósito de dejar una enseñanza moral.

A lo largo de su trayectoria, apoyada también por damas como la duquesa de Orleáns y Madame Sabliére, también escribió teatro e incluso ópera, y contrario a muchos autores de la época, tuvo la fortuna de gozar en vida del éxito y el reconocimiento por su obra.

En 1683 ingresó a la Academia Francesa, donde pronunciaría su célebre discurso Oración en verso, coronando el ingenio que lo caracterizó y marcó diferencia con sus contemporáneos.

La Fontaine, quien perteneció al grupo literario en el que también se formaron Jean Racine y Jean Baptiste Poquelin, mejor conocido como Moliere, murió el 13 de abril de 1695, dejando en su haber un amplio legado de fábulas (más de 200) que aún cuando fueron escritas para adultos, a comienzos del siglo XIX se convirtieron en uno de los clásicos de la literatura infantil, donde hoy ocupan un lugar privilegiado.

Entre los títulos más populares de sus fábulas destacan: La anciana y el perro, El lobo y el cordero, El gato y la zorra, El lobo y el perro flaco, La ostra y los litigantes, El loco vendiendo sabiduría, El león y el ratón, El cuervo y la zorra, La cigarra y la hormiga, Sonrisas prohibidas, La zorra y la cigüeña, La leona y el elefante y Cuentos y relatos en verso.

Sus aportes son varios y tienen que ver con el ingenio con el que el autor dotó a sus personajes (animales) de una inteligencia y actitud humana, la incorporación del sarcasmo y la ironía y un estilo versificado que resultó sencillo y claro, que favoreció la memorización de las moralejas.

NTX/MCV/LIT19