Martes 20 de Agosto 2019
| | |

ELISEO DIEGO Y EL TRABAJO DE LA MEMORIA

No disponible

No disponible

27 de Julio 2019


Dos elementos habrían de determinar la poesía del cubano Eliseo Diego: su infancia, entendida como un paraíso perdido, y su participación en el grupo de la revista Orígenes, que encabezó el también bardo José Lezama Lima y que reunió lo mejor de las artes de la primera mitad del siglo XX en Cuba, entre ellos a Cintio Vitier o Roberto Fernández Retamar, quienes en conjunto iluminaron toda una era en la historia del país caribeño.

Su obra escrita, que incluyó prosa y poesía, lo mismo que prosa poética, se caracterizó por su avance formal hacia la brevedad, a la que llegó al cabo del tiempo sin descuidar los textos de más largo aliento.

Él mismo definió a la forma de su poesía como tácita, es decir, aquello que no se expresa o no se dice, pero se supone o sobreentiende, mientras que los temas que aborda tienen que ver con la memoria, pero esa que no es añorante, sino la que ya está limpia del halo que deja ese sentimiento. La memoria “que nos pone en contacto con el exceso que había en la oscura esperanza recordada, o más bien superpuesta al presente, saturándolo”, y de esa forma se convierte en magia.

Al respecto, su compatriota y contemporáneo Cintio Vitier, integrante también del grupo Orígenes, lo dice así: entonces, lo perdido y así recobrado, se levanta como asombrosa edificación inesperada.

Porque esa es otra de las características de lo publicado por Diego (La Habana, 2 de julio de 1920-Ciudad de México, 1 de marzo de 1994), referirse a lo extraordinario, lo insólito, lo fantástico que brota de la cotidianidad, de las calles; pero el poeta enuncia lo arbitrario, lo azaroso que late bajo la aparente naturalidad de la vida. Él lo explica así: cada cosa es ella y es otra al mismo tiempo, y el secreto de la poesía consiste en mostrarnos, a la vez, el derecho y el revés de cada moneda sin quitarle un solo adarme (A través de mi espejo).

Empieza a escribir a los 20 años de edad y entonces tenía la intención de hacer una novela, la cual no terminaría y solo alcanzaría a redactar fragmentos, los cuales publicó bajo el título de En las oscuras manos del olvido. Entonces, la brevedad hasta llegar al micropoema será lo que llegará a distinguir a su obra en general, fuera poesía, prosa o prosa poética, formas literarias que convivirán en tensión, pero una tensión que les relacionará, les dará vasos comunicantes.

Ya en plena madurez de su poesía, Eliseo Diego derivó en el uso de los espacios en blanco, como parte de su afán por liberarse de lo vano para quedarse con lo esencial de la poesía. Enunciar, no nombrar ni describir, tener al poema en toda su pureza, ir directamente al significante, como él mismo lo explica en el Prólogo a su libro Por los extraños pueblos.

Pero el bardo también tuvo gusto por poemas largos, que aborda por su gusto a ir más allá de la evocación de las cosas, a nombrar a la flor sabiendo que es más que una flor, para ahora cantarle al brotar del tallo, en su súbito crecimiento, que estalla al fin en el clímax de ramas y fruto, como lo explica en la introducción a su libro Noticias de la quimera.

Eliseo Diego nace en La Habana, hijo de Constante de Diego González, originario de Asturias, España, y de Berta Fernández-Cuervo. Sus primeros años los disfruta en Villa Naranjo, una construcción hecha por su propio padre con la ayuda de sus trabajadores y a la que el poeta habría de referirse como “el paraíso de mi infancia”.

Estudia el bachillerato en el Instituto de La Habana y se gradúa como pedagogo en la Universidad de la misma ciudad. Imparte clases de Literatura Inglesa y de Estados Unidos en la Casa de las Américas. Pertenece al grupo de artistas encabezados por el también poeta José Lezama Lima y articulados en las revistas Espuela de Plata, Clavileño, Nadie Parecía y Orígenes, de la que es uno de los fundadores junto a Lezama Lima y Cintio Vitier, entre otros. En 1948 se casa con Bella Esther García Marruz y se encarga del Departamento de Literatura y Narraciones Infantiles de la Biblioteca Nacional José Martí.

Quien es considerado uno de los más grandes poetas de Cuba trabaja como redactor de la revista Unión, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, y en 1993 traslada su residencia a México, donde además de continuar con su labor de poeta realiza diversas actividades en torno a la literatura. En este país habría de morir en 1994, aunque sus restos fueron trasladados a Cuba para ser depositados en el cementerio de Colón, en La Habana.

Durante casi cuatro décadas de creación, Eliseo Diego publicó cuatro libros de prosa, novela y cuento, En las oscuras manos del olvido (1942), Divertimentos (1946), Noticias de la quimera (1975) y Libro de quizás y de quién sabe (1989), y unos 15 de poesía o prosa poética: En la Calzada de Jesús del Monte (1949), Por los extraños pueblos (1958), El oscuro esplendor (1966), Muestrario del mundo o Libro de las maravillas de Boloña (1967), Versiones (1970), Los días de tu vida (1977), A través de mi espejo (1981), Inventario de asombros (1982), Veintiséis poemas recientes (1986), Soñar despierto (1988), Cuatro oros (1990), Conversación con los difuntos (traducciones, 1991), En otro reino frágil (1999), Aquí he vivido (2000) y Poemas al margen (2000).

NTX/RML/LIT19