Lunes 15 de Julio 2019
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FÁBULAS DE JEAN DE LA FONTAINE (1621-1695)

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06 de Julio 2019


El asno y su mal compañero

Un caballo joven y desconsiderado caminaba felizmente, junto a un asno viejo que iba muy cargado por los fardos, que había cargado su amo, sobre su lomo.

El asno le imploró ayuda a su compañero, le dijo: Te pido amigo me ayudes a cargar la mitad de lo que llevo encima, para ti sería como un juego, en cambio para mí sería un enorme servicio, ya que siento que estoy a punto de desmayarme.

Pero el caballo, se negó a prestarle ayuda, riéndose del burro. Continuaron caminando, hasta que el asno no aguantó más y cayó desfallecido.

Al ver esto, el caballo se dio cuenta de lo mal que había actuado y ahora el amo, quitó toda la carga que transportaba el burro y la colocó encima de él.

Moraleja: “Es preciso ayudarse mutuamente, porque si falta tu compañero su carga terminará en tu espalda”.

 

El león

Un león, que era dueño de muchos prados, muchos bosques y un gran rebaño de ovejas, reinaba feliz en su territorio, un día nació un leoncito en un lugar vecino, pero este quedó huérfano. Entonces el rey león llamó a su visir, un zorro astuto e inteligente y le dijo:

— ¿Qué te parece si traemos al huerfanito y lo criamos?

— El zorro pensó y respondió:

— “Mi señor, yo nunca me compadezco de huérfanos como éstos. O hay que ser amigos o destruirlos antes de que se hagan fuertes”.-

Pero el rey león no escuchó estos consejos, hizo traer al leoncito a su territorio. Mientras el tiempo transcurría, el rey envejecía y el leoncito se iba tornando más fuerte y asolaba a toda la región, haciendo grandes matanzas.

Llegaron los reclamos de todos lados por los daños que causaba el joven león, le daban alimentos para calmar su apetito feroz, pero era incontrolable.

Tarde se dio cuenta el rey león, que tenía que haber escuchado los consejos del zorro y de esta manera evitar grandes problemas.

Moraleja: “Imprudencia que causa resultado fatal es dejar que prospere la semilla del mal”.

 

Los zánganos y las abejas

Sucedió que algunos panales de miel no tenían dueño. Los Zánganos los reclamaban, las Abejas se oponían; llevose el pleito al tribunal de cierta Avispa; ardua era la cuestión; testigos deponían haber visto volando alrededor de aquellos panales unos bichitos alados, de color oscuro, parecidos a las Abejas, pero los Zánganos tenían las mismas señas.

La señora Avispa, no sabiendo qué decidir, abrió de nuevo el sumario, y para mayor ilustración llamó a declarar a todo un hormigueo, pero ni por esas pudo aclarar la duda.

“Me queréis decir a qué viene todo esto? Preguntó una Abeja muy avispada. Seis meses hace que está pendiente el litigio, y nos encontramos lo mismo que el primer día.

Mientras tanto, la miel se está pendiendo. Ya es hora de que el juez se apresure; bastante le ha durado la ganga. Sin tantos autos ni providencias, trabajemos los Zánganos y nosotras y veremos quién sabe hacer panales tan bien concluidos y repletos de rica miel”.

No admitieron los Zánganos, demostrando que aquel arte era superior a su destreza, y la Avispa adjudicó la miel a sus verdaderos dueñas, las Abejas.

Moraleja: “Así debieron decidirse todos los procesos. La justicia de moro es la mejor. En lugar de código, el sentido común. No sucedería como pasa muchas veces, que el juez abre la ostra, se la come y les da la concha a los litigantes”.

NTX/MCV/LIT19