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IN MEMORIAM

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20 de Julio 2019


ALDOUS HUXLEY, LA PSICODELIA Y SU MUNDO FELIZ

Nacido en el seno de una familia de afamados intelectuales, el escritor, poeta y filósofo inglés Aldous Huxley (1894-1963) tiene un lugar en la posteridad no sólo por su célebre novela Un mundo feliz (1932), en el que imaginó una pesimista visión del futuro, donde la humanidad acepta gustosa su esclavitud; sino por su acendrado interés en el misticismo y su constante experimentación con las drogas psicodélicas y sus efectos en la percepción.

A 185 años de su muerte, que se cumplen el viernes, se le recuerda como un personaje multifacético que ha sido estudiado tanto por el valor de su visionaria obra, como por el de su propia existencia, plagada de contradicciones y, sin embargo, tan clara en el rumbo de la humanidad y de su vida misma, la cual decidió terminar el 22 de noviembre de 1963, de manera apacible, con una sobredosis de LCD, droga que, junto con la mescalina, le abrió “las puertas de la percepción”, según su propio testimonio.

Curiosidad, inteligencia y rigor intelectual son tres constantes que se identifican en la obra de este autor, quizá menos famoso que George Orwell y su 1984, con su advertencia totalitaria, pero para muchos con mayor claridad y acierto sobre los rasgos de las alienadas sociedades del futuro.

Huxley es considerado, de hecho, uno de los más importantes representantes del pensamiento moderno. Escribió poesía, relatos cortos, libros de viajes, guiones y narrativa, donde se inscribe su producción más popular, tal es el caso de su novela Los escándalos de Crome (1921), libros de cuentos como Limbo (1920) y La envoltura humana (1922) y ensayos como Literatura y ciencia (1963), La situación humana (1977) y Las puertas de la percepción (1954), éste último en el que relata su experiencia con la mescalina del peyote.

Prolífico y viajero, Aldous se mueve en todas las aguas y abreva de todos los cauces posibles, desde Italia, donde se establece tras casarse con Marie, hasta Tunes, a donde llega en 1925 para emprender un viaje que lo llevará por India, Singapur, Birmania, Malasia, Filipinas, China, Japón y Estados Unidos. Tres años después traslada su residencia a Francia, con intermitentes viajes a Inglaterra, Italia y España.

Los registros señalan 1932 como la fecha en la que ve la luz su novela cumbre Un mundo feliz, que muestra a una sociedad sometida por el condicionamiento psicológico, inmersa en un inmutable sistema de castas.

Otros de sus viajes lo habrán de llevar a México y otros países de Centroamérica, periplo del que nacerá el libro Más allá del golfo de México. Y en 1937 arriba a Estados Unidos, donde se establece de manera definitiva. En esta etapa, en la que se cuenta su paso por el desierto de Mohave, escribe un ensayo sobre el proceso que lo lleva a recuperar la vista tras haberse quedado casi ciego en su juventud: El arte de ver (1942).

Es hasta la siguiente década, entre 1953 y 1963, que experimenta con las drogas psicodélicas de la época: Mescalina, LCD y psilocibina (alcaloide alucinógeno), según él, llevado por un interés puramente intelectual.

De estas experiencias nace en 1953 su ensayo breve Las puertas de la percepción, pero en 1956 hace algo más extenso, que se publicará bajo el título Cielo e infierno, en el que da una amplia panorámica de la ciencia, el arte y la religión.

En esa época concentró también toda su actividad intelectual en la redacción del libro La filosofía perenne, un compendio de tradiciones espirituales orientales que apuntaban hacia el reencuentro del alma humana en contraposición con la amenaza de alienación que ofrecía la técnica.

Cuentan que un duro golpe lo recibió con la muerte de su esposa Marie, en febrero 1955, luego de 35 años de andanzas compartidas, vivió entonces una etapa depresiva, pero apenas poco más de un año después, en mayo de 1956, se casó en Yuma, Arizona, con la violinista y psicoterapeuta Laura Archera, cuya vitalidad y energía le dieron un segundo aire a su producción intelectual. En esta época se fue a vivir al pie de las colinas de Hollywood.

Según sus biógrafos, a inicios de la década de los 60 le diagnostican un tumor en la lengua, del que logra sobrevivir a base de radioterapias, pero en 1963, tras una estancia en Londres, donde se reencuentra con familiares y amigos, recae fatalmente.

El 22 de noviembre, el mismo día en que murió John F. Kennedy, Huxley sintió llegar la muerte y pidió que le leyeran al oído el libro tibetano de los muertos, además de que le administraran dos grandes dosis casi consecutivas de LCD, que bajo supervisión médica le aplicó su propia esposa, acompañándole en un apacible viaje hacia la muerte.

Se sabe que por disposición propia su cuerpo fue cremado y sus cenizas llevadas años más tarde a reposar al lado de los restos de su familia en Inglaterra.

Huxley, el del conocimiento enciclopédico, fruto de una gran curiosidad intelectual, solía considerar a las palabras “como los rayos X, atraviesan cualquier cosa, si uno las emplea bien”, y bien supo emplearlas para legar al mundo una gran obra que refleja su interés por el mundo, la paz, la ciencia y la conservación de los recursos naturales.

NTX/MCV/LIT19