Miércoles 17 de Julio 2019
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POEMAS CHARLES BAUDELAIRE

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06 de Julio 2019


Correspondencias

La Natura es un templo donde vividos pilares

Dejan, a veces, brotar confusas palabras;

El hombre pasa a través de bosques de símbolos

que lo observan con miradas familiares.

Como prolongados ecos que de lejos se confunden

En una tenebrosa y profunda unidad,

Vasta como la noche y como la claridad,

Los perfumes, los colores y los sonidos se responden.

Hay perfumes frescos como carnes de niños,

Suaves cual los oboes, verdes como las praderas,

Y otros, corrompidos, ricos y triunfantes,

Que tienen la expansión de cosas infinitas,

Como el ámbar, el almizcle, el benjuí y el incienso,

Que cantan los transportes del espíritu y de los sentidos.

 

Sé bella y sé triste

¿Qué importancia tiene vuestra bondad?

Sé bella y sé triste, las lágrimas

agregan encanto a tu rostro

como la lluvia al paisaje,

la tormenta rejuvenece las flores.

Te amo más cuando la alegría

huye del balcón de tu frente,

cuando tu corazón se hunde en el horror,

cuando sobre tus cejas se despliega

la temible nube del pasado.

Te amo cuando tus grandes ojos derraman

un agua tibia como sangre,

cuando a pesar de mi mano acompañante,

el peso de la angustia horada tu voz

como un quejido agonizante.

Y aspiro, divina voluptuosidad,

himno de profunda delicia,

todos los sollozos de tu pecho,

y creo que tu corazón se ilumina

con las perlas que caen de tus ojos.

 

Himno a la belleza

¿Vienes del hondo cielo o del abismo sales,

Belleza? Tu mirar, infernal y divino,

vierte confusamente beneficios y crímenes,

por lo que se te puede comparar con el vino.

Tus dos ojos contienen el poniente y la aurora;

esparces más perfumes que un ocaso tormentoso.

Tus besos son un filtro y tu boca es un ánfora

que hacen cobarde al héroe y al niño valeroso.

¿Sales del negro abismo o bajas de los astros?

Como un perro, el Destino sigue ciego tu falda…

Al azar vas sembrando la dicha y los desastres,

y todo lo gobiernas sin responder nada.

¡Caminas sobre muertos, y te burlas, Belleza!

El Horror, de tus broches no es el menos precioso,

y el Crimen, que se cuenta entre tus caros dijes,

danza amorosamente en tu vientre orgulloso.

Deslumbrado, el insecto vuela hacia ti, candela.

Crepita, estalla y dice: “¡Bendigamos la antorcha!”.

El amante jadeando sobre su bella amada,

parece un moribundo que acaricia su fosa.

¿Qué importa así del cielo vengas o del infierno

Belleza, monstruo enorme, ingenuo y atrevido,

si tu mirar, tu pie, tu faz me abren la puerta

de un Infinito que amo y nunca he conocido?

De Satán o Dios, ¿qué importa? Ángel, Sirena,

¿qué importa, si me vuelves, -¡hada de ojos sedantes,

ritmo, perfume, luz, ¡oh tú, mi única reina!-

manos odioso el mundo más cortos los infantes?

 

La metamorfosis del vampiro

La mujer, entre tanto, de su boca de fresa

retorciéndose como una sierpe entre brasas

y amasando sus senos sobre el duro corsé,

decía estas palabras impregnadas de almizcle:

«Son húmedos mis labios y la ciencia conozco

de perder en el fondo de un lecho la conciencia,

seco todas las lágrimas en mis senos triunfales.

Y hago reír a los viejos con infantiles risas.

para quien me contempla desvelada y desnuda

reemplazo al sol, la luna, al cielo y las estrellas.

Yo soy, mi caro sabio, tan docta en los deleites,

cuando sofoco a un hombre en mis brazos temidos

o cuando a los mordiscos abandono mi busto,

tímida y libertina y frágil y robusta,

que en esos cobertores que de emoción se rinden,

impotentes los ángeles se perdieran por mí.»

Cuando hubo succionado de mis huesos la médula

y muy lánguidamente me volvía hacia ella

a fin de devolverle un beso, sólo vi

rebosante de pus, un odre pegajoso.

Yo cerré los dos ojos con helado terror

y cuando quise abrirlos a aquella claridad,

a mi lado, en lugar del fuerte maniquí

que parecía haber hecho provisión de mi sangre,

en confusión chocaban pedazos de esqueleto

de los cuales se alzaban chirridos de veleta

o de cartel, al cabo de un vástago de hierro,

Que balancea el viento en las noches de invierno.

 

La belleza

Yo soy Bella, oh mortales! como un sueño de piedra,

y mi seno que a todos eternamente torturó,

ha sido creado para inspirar amor a los poetas.

Eterna e incólumne, como la materia.

Incomprendida esfinge, reino en azul;

El níveo corazón junto a la blancura del cisne;

detesto el movimiento que desplaza las líneas.

Yo jamás lloré, como tampoco jamás reí.

Los poetas, ante mis gestos altivos,

Que recuerdan antiguos monumentos,

consumen sus días en penosa labor.

Que para fascinar a estos dóciles amantes

Tengo puros espejos que embellecen las cosas:

Mis ojos, mis dos enormes pozos de eternidad.

 

Embriáguense

Hay que estar ebrio siempre. Todo reside en eso: ésta es la única cuestión. Para no sentir el horrible peso del Tiempo que nos rompe las espaldas y nos hace inclinar hacia la tierra, hay que embriagarse sin descanso.

Pero, ¿de qué? De vino, de poesía o de virtud, como mejor les parezca. Pero embriáguense.

Y si a veces, sobre las gradas de un palacio, sobre la verde hierba de una zanja, en la soledad huraña de su cuarto, la ebriedad ya atenuada o desaparecida, ustedes se despiertan, pregunten al viento, a la ola, a la estrella, al pájaro, al reloj, a todo lo que huye, a todo lo que gime, a todo lo que rueda, a todo lo que canta, a todo lo que habla, pregúntenle qué hora es; y el viento, la ola, la estrella, el pájaro, el reloj, contestarán:

— ¡Es hora de embriagarse!

Para no ser los esclavos martirizados del Tiempo, ¡embriáguense, embriáguense sin cesar! De vino, de poesía o de virtud, como mejor les parezca.

NTX/RML/LIT19