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Que su casa fuera museo, última voluntad de Coral Bonelli

Foto Capital Media
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13 de Mayo 2019
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 * La actriz transgénero coleccionaba películas, fotografías, vestuario e imágenes de la trayectoria artística de su madre y de ella

Por Maricruz González May

México, 12 May (Notimex).- A menos de dos meses de celebrar su primer aniversario de boda, la actriz y bailarina transgénero Coral Bonelli perdió la batalla contra la diabetes y uno de sus deseos previo a su muerte fue que se conservaran sus vestidos, fotografías, películas en VHS, reconocimientos y recortes de periódico tal cual están exhibidos en su casa, en la zona centro de la Ciudad de México.

De acuerdo con su esposo José Antonio Velázquez Vallín, la voluntad tanto de Coral como de su suegra, la actriz y cantante Lilia Ortega, conocida como Doña Pinoles, era que todo aquel que tuviera buenas intenciones entrara a su casa para conocer su “museo”, un espacio dedicado al cine y a su carrera dentro del mundo del espectáculo.

El pequeño departamento, situado en Eje Central en el legendario barrio de La Lagunilla, en el Centro Histórico, tiene tapizadas sus paredes con fotografías y recortes de periódico y revistas de la trayectoria de ambas actrices.

Entre las imágenes destaca una al lado de Jorge Fons y Patricio Pereda, con quienes trabajó en El callejón de los milagros, así como una fotografía en el set de la película Los hijos de Sánchez, donde se observa a Anthony Quinn, galardonado con dos premios Oscar y con quien tuvo el gusto de trabajar.

Cada pared cuenta una historia. La más sorprendente es la que se ubica justo frente a la puerta de entrada, donde hay imágenes de gran formato tanto de Coral como de Lilia Ortega, su madre fallecida cuatro años atrás.

Consternado por haber perdido a su “amor” o a su “cielo”, como le gustaba llamarla, don Antonio sostiene que nadie le quitará los tesoros que ahí se resguardan, porque cuando ambos hablaron de la posible muerte de alguno de los dos, ella le dijo: “Cuando yo llegue a faltar no quiero que de ninguna manera salga todo esto de la casa, no quiero que se mueva nada”.

Comentó que antes de morir Coral -fiel impulsora de los derechos de la comunidad LGBTTT- le pidió que sus álbumes fotográficos (que están en un mueble tipo librero) se los entregara a Bruce, bailarín a quien conoció cuando trabajó a su lado en el Teatro Blanquita.

“También me pidió que sus zapatillas, como 50 pares, porque era adicta a comprarlas, se las regalara a Naomi, una de sus amigas de la comunidad trans que fue la única que la visitó en su cumpleaños, el pasado 21 de abril”, señaló.

Además de las múltiples fotografías, carteles y reconocimientos que están en el departamento, destacan los vestuarios que utilizaba en sus shows. Llama la atención un vestido largo color rojo, es de terciopelo y tiene motivos dorados. “Éste lo usaba mucho para sus shows en donde hacía a Lucha Villa”, anotó su ahora viudo.

Cómo se conocieron

Hace 14 años, Coral Bonelli visitó una tienda boutique en la colonia Roma. Ahí conoció a José Antonio Velázquez Vallín, un hombre de 47 años que cautivó a la actriz.

“Yo trabajaba para una diseñadora en la colonia Roma y en una ocasión llegó Coral y me preguntó por un pareo, le di el precio y me dijo que mañana regresaría por él. Al otro día fue y me dijo: Mi intención no era comprar esa cosa. Quiero conocerte porque te me haces muy interesante“, recordó Antonio.

“Fuimos a tomar un café, empezamos a conocernos y me invitó a uno de sus shows, donde imitaba a Lucha Villa, y así seguimos frecuentándonos como novios.

“Su mamá me pidió que nunca la dejara sola y desde que ella murió hace ya cuatro años me vine a vivir con Coral”, comentó a Notimex don Antonio, quien sostuvo una relación amorosa con la actriz por 14 años.

Fue apenas el 29 de junio de 2018 que ambos decidieron formalizar su relación y se casaron por el civil. “Ella tenía la ilusión de usar un vestido blanco, ese era su sueño y su ilusión, así que decidimos casarnos“, compartió con una sonrisa en su rostro.

En la pared exterior a la recámara de la pareja se encuentra un portarretratos del tamaño de una cartulina, en él se observan varias imágenes de su boda (ella luciendo un vestido color beige tres cuartos y él un traje blanco con motivos negros). Al centro de las imágenes se ubica una copia de su acta de matrimonio.

“Este lo hicimos juntos. Esta es nuestra pared, aquí hay varios recuerdos de nuestra relación”, explicó quien trabaja como jefe de seguridad privada.

Aunque reconoció que va a extrañar los momentos felices al lado de la protagonista del filme “Quebranto”, de Roberto Fiesco, Velázquez Vallín aseguró que teniendo sus cenizas en casa la seguirá sintiendo con él.

“A ella le encantaba que le dijera cosas bonitas, ‘amor’ o ‘cielo’, era una mujer que me consentía mucho, era muy amorosa y le encantaba que le diera su lugar como mujer, para mí siempre fue Fernanda Coral“, expresó.

Su partida

Fueron cinco meses los que Coral estuvo internada, intermitentemente, en el hospital. “Ella quería morir en su casa y la doctora que la atendía me dijo que mejor ya me la trajera”, mencionó con un gesto de tristeza.

Con 52 años de trayectoria artística y a la edad de 57 años, Coral Bonelli murió tranquila en los brazos de su marido, el pasado sábado 6 de mayo víctima de diabetes, enfermedad que la aquejó desde hace 33 años.

Su deseo era que sus restos reposaran al lado de su madre; sin embargo, no había espacio ahí y José Antonio tomó la decisión de incinerarla para tenerla cerca y ahí, en su museo particular.

“Ahorita está en esta mesita, pero pienso mandar a hacerle un altar más bonito que permanezca siempre conmigo”, compartió con una sonrisa en el rostro.

José Antonio está convencido de que se casó con la mejor mujer del mundo, porque era bastante guerrera y no se daba por vencida. “Nunca me puse celoso porque me sentía muy orgulloso de tener una mujer como ella a mi lado”, anotó.

Sobre sus largas charlas en torno a su transformación en la década de los 90, su viudo asegura que ella se reconocía en cuerpo y alma como mujer, y que siempre estuvo segura de que el problema respecto a su apariencia era de los otros, no de ella.

Aunque desde los siete años reconoció su necesidad por convertirse en mujer, Fernando García Ortega “Pinolito” decidió cambiar de género hasta los años 90, cuando deja de ser él y se convierte en Coral Bonelli.

“A ella no le importó qué le decían los demás, incluso tampoco le importaba que su hermana la siguiera llamando hermano. Mi Coral siempre estuvo muy segura de quien era”, reflexionó.

Entre los pendientes que dejó “Pinolito”, nombre artístico con el que destacó en la escena artística, Coral Bonelli deseaba debutar como directora de cine. De hecho tenía escrita una historia sobre una mujer con mucho dinero y quien murió de un infarto en el metro. “Su historia se llama ‘La vida por un peso’”, apuntó su viudo.

A decir del entrevistado, hasta antes de que se detonaran los estragos de su enfermedad, la actriz se ganaba la vida poniendo coreografías para XV años. “El mundo del espectáculo, el baile y la actuación, siempre fueron sus grandes pasiones”, concluyó Velázquez Vallín.

-Fin de nota-

 

NTX/MAY/LMC

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