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El efecto cucaracha

 

Cuando se captura a un jefe del narco, nace otro


México es uno de los pocos países del mundo en el que cuando se vence y se captura a los principales jefes del narco, en vez de que los problemas disminuyan y los cárteles desaparezcan, se produce una atomización de esas organizaciones y nace otro jefecillo que durará seis meses o un año provocando el incremento de la violencia hasta unos niveles insospechados.

Sinaloa, la tierra originaria del capo di tutti capi, “El Chapo”, ha tenido durante muchos años estabilidad. Aunque, seguramente esa estabilidad era producto del pacto nunca expresado en el que cada uno se dedica a lo suyo bajo el liderazgo tan fuerte que mantenía la hegemonía del mundo de Joaquín Guzmán Loera.

Sin embargo, en los últimos meses Sinaloa ha presenciado una vez más enfrentamientos como no los había tenido en mucho tiempo, donde además se han visto implicados miembros que pertenecían al grupo de “El Chapo”.

Entre otras cosas, el asesinato del periodista Javier Valdez sigue siendo un aviso muy peligroso para un estado donde el orden consiste en que cuando decides hacer uso de tu libertad de expresión –algo que para otros significa pasarse de la raya– puedes ser asesinado a balazos en cualquier calle principal sin que nadie logre alcanzar a los responsables.

Sinaloa arde, y ahora el reparto de poderes expreso e impreso que existe en el mundo del narco está sufriendo una alteración profunda.

Mientras tanto, no pretendo concentrarme en el cambio generacional, no quiero suponer cómo son los nuevos jefes o jefecillos de los cárteles, pero lo que sí quiero señalar es que la lista de muertos sigue creciendo y lo que es peor, la sensación de inseguridad también.

El año pasado en Culiacán tuvo lugar una de las venganzas más crueles y terribles contra las Fuerzas Armadas, recordemos que un convoy militar fue emboscado por trasladar a un delincuente herido que fue cooptado por un grupo de criminales que atacó con granadas dejando a cinco soldados ejecutados con un nivel de saña que todavía hoy se recuerda.

Y después, por si no fuera suficiente el pasado fin de semana dejó un saldo de 30 muertos, entre civiles y delincuentes, como consecuencia de diferentes enfrentamientos desencadenados en distintos lugares de Sinaloa.

La República Mexicana necesita hacer un análisis profundo de sus debilidades estructurales en algunos estados. Y ahora más allá del Triángulo Dorado y de la Tierra Caliente, Sinaloa es una entidad que no sólo por “El Chapo”, sino por razones que vienen desde décadas atrás, es el origen y la marca de fábrica de los motivos por los que terminamos convirtiéndonos en el imperio del crimen y las drogas.

@antonio_navalon