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Persecución religiosa 2020 y 2021

Persecución religiosa 2020 y 2021
 

En Occidente, se ha extendido la marginación de la religión, constreñida únicamente a los recintos cerrados de las iglesias.


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Por: Roberto O’Farrill Corona

En uno de cada tres países están ocurriendo graves violaciones de la Libertad Religiosa. En efecto, en su 15º Informe sobre la Libertad Religiosa en el Mundo, la Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada advierte de graves amenazas a este derecho humano fundamental, en todo el mundo, entre 2018 y 2020, y demuestra cómo no se respetó en 62 de los 196 países del mundo, equivalente a una tercera parte de la comunidad humana. En 26 de estos países las personas sufren persecución, y en el 95% de ellos la situación se agravó durante 2020.

Estas estadísticas reflejan, como una de las principales conclusiones del Informe, la radicalización del continente africano, particularmente en el África Subsahariana y Oriental, donde dramáticamente ha aumentado la presencia de grupos yihadistas. Las violaciones de la Libertad Religiosa -incluida la persecución extrema, como los asesinatos en masa- ocurren actualmente en el 42% de todos los países africanos, una radicalización que se extiende con el objetivo de crear un llamado “Califato transcontinental”.

Además, el Informe evidencia una nueva tendencia: el abuso de la tecnología digital, redes cibernéticas, vigilancia masiva basada en la inteligencia artificial y tecnología de reconocimiento facial para aumentar el control y la discriminación en algunas de las naciones con el peor historial de Libertad Religiosa. Esto es evidente en China, donde el Partido Comunista ha estado oprimiendo grupos religiosos mediante el recurso de 626 millones de cámaras de vigilancia y escáner de teléfonos inteligentes.

El Informe demuestra que en 42 países (el 21% del total), apostatar o cambiar de religión acarrea graves consecuencias legales y sociales que van desde el ostracismo familiar hasta la pena de muerte, y denuncia el incremento de la violencia sexual que es utilizada como arma contra las minorías religiosas; crímenes contra mujeres y niñas que son secuestradas, violadas y forzadas a cambiar de religión.

Actualmente, el 67% de la población mundial, unos 5,200 millones de personas, viven en países donde se producen graves violaciones de la Libertad Religiosa, entre ellos China, India y Pakistán, donde las minorías religiosas son las más atacadas por una supremacía étnica y religiosa.

En Occidente, se ha extendido la marginación de la religión, constreñida únicamente a los recintos cerrados de las iglesias.

En el subcontinente latinoamericano, son varios los países que están inmersos en crisis sociopolíticas agravadas por la violencia debido a la ausencia de un Estado de derecho, el tráfico de drogas, la corrupción y la pandemia de COVID-19. Además, la región sigue siendo una importante fuente de emigrantes a los Estados Unidos.

En Cuba, Nicaragua y Venezuela se vive un historial cuestionable de respeto a los derechos humanos y la democracia, con una hostilidad estatal que usa la fuerza y la intimidación de los fieles creyentes mediante despliegues policiales alrededor de iglesias y procesiones, amenazas a líderes religiosos y a sus feligreses y la cancelación de visados a religiosos extranjeros.

Han crecido los ataques a iglesias, imágenes y símbolos religiosos y se ha disparado el laicismo, pues en el discurso social algunos grupos han presentado el derecho a la Libertad Religiosa como opuestos a la naturaleza laica del Gobierno.

El Informe presenta, también, una nueva clasificación denominada Países en observación. Se trata de los países donde se han manifestado factores preocupantes de reciente aparición, tales como medidas legales contra aspectos de la Libertad Religiosa, incremento de los delitos de odio y violencia ocasional por causas religiosas, que podrían conducir a un deterioro del derecho humano a la Libertad Religiosa. Entre estos países se encuentran México, Chile, Guatemala, Honduras y Haití.

El Informe también aborda el profundo impacto por la pandemia de COVID-19 en el derecho a la Libertad Religiosa, pues los gobiernos han impuesto medidas extraordinarias aplicando limitaciones desproporcionadas al culto religioso en comparación con otras actividades sociales.

En lo concerniente a México, registra un número creciente de actos de vandalismo, sacrilegio, robos y otras formas de ataque a iglesias por todo el país, actos en los que participan diversos actores, entre ellos las feministas radicales. 

El derecho a la Libertad Religiosa es precario en México, pues está creciendo la violencia de grupos criminales o de cárteles de la droga contra quienes los denuncian, sean sacerdotes o feligreses.

Todo lo anterior, combinado con la creciente instrumentalización política de la religión, indica que la Libertad Religiosa en México no ha mejorado con respecto a informes de años anteriores, y las perspectivas a futuro de este derecho humano siguen siendo negativas, pues se aprecia una violencia atroz contra sacerdotes, iglesias y creyentes, una violencia que tiene numerosos motivos como el crimen organizado, disputas territoriales, corrupción, extorsión y venganza.