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Nostalgia por el poder

 

Así es de perverso el mundo de la política


No tengo muy preciso cuándo lo conocí y lo empecé a tratar amistosamente. Recuerdo que coincidimos en París, él era embajador especial ante algún organismo internacional y yo iba en alguna comitiva, pudo ser presidencial a lo mejor senatorial.

Me llamó la atención su afición a los helados. A toda hora del día trataba de que lo acompañáramos a comer alguna nieve de algo, un sorbete de limón.

No nos frecuentábamos, pero cuando se ubicó en México en esporádicas ocasiones lo visitaba, lo saludaba y a lo mejor hasta platicábamos un momento. Gratos momentos, por cierto.

Caminos laborales nos llevaron por sendas distintas. Y como gran casualidad de pronto acompañando a don Miguel López Azuara, director general de Notimex, me encontré sentado en la silla adjunta. Por cierto, grata experiencia al lado del hombre que en temas de información lo sabe todo.

Hablo de Manuel Bartlett cuya carrera política es de sobra conocida. Pero aquí debo mencionar que al llegar a Gobernación se hizo cargo de Notimex (que por cierto era empresa privada) y decidió sustituir a López Azuara con un fiel servidor suyo, Héctor Manuel Ezeta, desconocedor absoluto del medio noticioso, pero eso casi nunca les importa sino colocar al cuate.

Así fue. La primera tarea del aprendiz de director, fue investigar los manejos de los fondos de la empresa. Decidí quedarme para impedir que hicieran una marranada, puesto que, reitero, la empresa era privada.

Recibí una llamada de Manuel pidiéndome que me quedara que me garantizarían el salario pero que ya no iba a ser director adjunto. Ya verían en donde me colocaban.

Agradecí la llamada al “señor secretario” al que informé que me quedaría un par de semanas para comprobar que no hicieran estupideces. Me preguntó por qué ahora le hablaba de usted, sólo le respondí que respetaba las jerarquías y le volví a agradecer su llamada. Colgué.

Fue el último contacto con aquel ser humano agradable, gentil, de quien vía información y visión de compañeros de la fuente política, aprecié su involución hasta convertirse en la cosa amorfa sin ideología, sin principios y sin más propósito que subsistir en el mundo de pirañas en que se encuentra.

Nunca lo hubiese imaginado en una polémica inexistente, porque todo mundo lo responsabiliza de cuando “cayó” y calló” el sistema para convalidar el triunfo de Carlos Salinas.

Así es de perverso el mundo de la política.

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