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Viernes 04 de Diciembre 2020
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Recuperando el orgullo

Ciudad de México. Foto: Especial

Ciudad de México. Foto: Especial

18 de Enero 2018

De 1990 a 1994 México sintió orgullo

De 1990 a 1994 México sintió orgullo. Y es que, durante ese tiempo no sólo pensamos que podríamos pertenecer al primer mundo, sino que ya nos sentíamos parte de él. Sin embargo, a partir de ahí, en los años posteriores, los mexicanos empezamos a perder mucho y todo comenzó a ser tristeza, preocupación y oscuridad.

Pero de todo lo que hemos perdido, pesos, pisos y toneladas de ilusión, lo más grave es que nuestro orgullo de ser mexicanos, además de haberse convertido en una retórica vacía, ahora al parecer también está prohibido.

Y es que, desde entonces la realidad –que no producimos nosotros directamente, pero que sí sustentamos en cierta medida– nos ha ido golpeando una y otra vez para recordarnos que somos un pueblo con más fracasos que éxitos.

Ahora, en este periodo que estamos viviendo, el que aún no es una campaña electoral oficial, sino un voceo al que se han sometido los precandidatos, en esta demostración de mar de lodo y en esta ausencia de programas, han hecho falta muchas cosas.

Para empezar, ideas constructivas. Y en ese sentido, me gusta el llamado a la unidad nacional que hace el precandidato que lidera las encuestas. Pero sobre todo, lo que ha hecho falta es una campaña que busque restituir el orgullo de ser mexicano.

¿Cuáles son las esencias de México que aún permanecen? Porque hemos sufrido y fracasado, pero también hemos sobrevivido y triunfado.

Desde hace 11 años tenemos una guerra civil en la que han muerto muchas personas en una situación en la que no basta sólo con descalificar diciendo que no eran gente de bien, ignorando que – como le pasó a Doroteo Arango, el mítico Pancho Villa– muchas veces en nuestro país no existe la posibilidad de ser gente de bien; porque ahora me da la impresión de que vivimos en un país donde lo negro, el fracaso, la resignación, la oscuridad y no la luz, son valores determinantes.

En ese sentido, tenemos muchas razones para reflexionar a profundidad sobre lo que hacemos, sobre los representantes que elegimos y sobre esa manera en la que nos hemos dejado engañar una y otra vez por los mismos.

Pero también tenemos muchas otras razones para incorporar a nuestro lenguaje y a nuestra vida algo que poco a poco ha ido desapareciendo, y me refiero al orgullo de ser mexicanos.

Ya tenemos suficiente con todos los desencantos que hemos sufrido con el Tricolor, y eso ha sucedido con la selección de futbol, sin embargo, no deberíamos permitir que ese mismo espíritu también influya en nuestra definición como ciudadanos de uno de los países con mayor riqueza natural y cultural que tiene el planeta Tierra.

@antonio_navalon

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